Las acciones, los bonos del Tesoro estadounidense y hasta el crudo tienen ahora una correlación mayor con la moneda
Un chiste que circula entre los inversionistas en acciones es que estos se han convertido en corredores de monedas. En las últimas semanas, la relación entre la actividad del dólar y la de las acciones ha sido muy estrecha: cuando el dólar sube, la bolsa baja, y viceversa.
Y no se trata sólo de las acciones. Los vínculos entre el dólar, los bonos de empresas, los precios de la energía y el oro se han vuelto más interrelacionados. Los operadores y los analistas dicen que esto se debe a los esfuerzos de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) por inundar los mercados financieros de dólares. Señalan que la Fed ha creado un entorno inusual donde los inversionistas tienen dos alternativas: quedarse con sus
dólares o comprar cualquier otra cosa.
Las conexiones entre activos crecen a medida que los inversionistas no pueden dejar de pensar sobre cómo y cuándo la Fed cerrará el grifo.
La intensidad de las relaciones entre distintas clases de activos "me dice que hay mucho nerviosismo y mucho dinero rápido", señala Michael O'Rourke, estratega bursátil de BTIG.
El resultado es que algunos creen que los mercados son presa de una nueva burbuja impulsada por tasas de interés de casi cero por ciento. En este campo se ubica Bill Gross, el legendario inversionista del fondo de renta fija Pimco, que la semana pasada escribió que el repunte de los activos más riesgosos de las últimas semanas, incitado por la Fed y el Departamento del Tesoro de EE.UU., "probablemente está en su apogeo".
Otras voces señalan que se trata de una progresión normal después de la caída del año pasado. Durante épocas de mucha incertidumbre, indican, los activos tienden a moverse al unísono.
Posteriormente, estas relaciones se debilitan cuando los inversionistas se concentran más en la perspectiva de los fundamentos de cada clase de activos.
De cualquier modo, el impacto inmediato parecen ser oscilaciones más intensas en el mercado. A principios de año, a medida que los dólares fluían en el sistema financiero, era más fácil alejarse del efectivo y optar por acciones deprimidas u otro tipo de inversiones.
Ahora, a la luz de las grandes corridas en casi todos los mercados, no es una decisión fácil. Los corredores están más dispuestos a reaccionar, invirtiendo y alejándose del efectivo rápidamente. Si la Fed mantiene el flujo de dinero, es mejor conservar otros activos, pero si cierra el grifo, invertir en efectivo se vuelve menos riesgoso.
Ese escenario se hizo evidente la semana pasada cuando el Promedio Industrial Dow Jones osciló alrededor del margen de los 400 puntos, marcado por el desplome de 249,85 del último viernes.
Mientras, el índice del dólar, que mide su valor contra una canasta de divisas, subió 0,5%.
"Estamos en una situación bastante inestable en la que la política de la Fed dicta el comportamiento de tantos activos", dice Dean Curnutt, director general de Macro Risk Advisors. "El dólar está en el centro de esto".
Tratar de predecir lo que la Fed hará será un desafío aún mayor esta semana, cuando el Comité Federal de Mercado Abierto del banco central se reúna para evaluar la política de tasa de interés.
La mayoría de los analistas no cree que habrá un incremento en la tasa hasta el próximo año, pero se espera que las autoridades evalúen cómo preparar a los inversionistas para cuando eso suceda.
A largo plazo, distintas clases de inversiones tienden a tener relaciones predecibles, o correlaciones. Por ejemplo, los precios de los bonos del Tesoro estadounidense suelen avanzar en dirección opuesta a la de las acciones, usualmente porque la gente compra bonos y vende acciones cuando está preocupada por la economía, y hace lo opuesto cuando está optimista. En la jerga del mercado, esos activos están correlacionados a la inversa.
Las correlaciones se miden en una escala de 100% negativo, es decir cuando los activos se mueven en direcciones opuestas todo el tiempo, a 100% positivo, cuando se mueven constantemente en una misma dirección. Las lecturas por encima de 50% se consideran significativas y mientras más cerca de 100%, más fuerte es la conexión.
Por ejemplo, por cada cambio semanal porcentual del S&P 500 desde fines de julio, el índice del dólar se ha movido un 60% de las veces en la dirección contraria, según Macro Risk Advisors. En octubre, la correlación inversa fue de 71%. En cambio, entre enero de 2007 y el 31 de julio de este año, la correlación inversa fue de apenas 2%. En otras palabras, no hubo relación entre los dos activos.
Cuando el dólar actúa como un denominador común, las correlaciones inusuales también aparecen en otras inversiones, como las acciones y el crudo. En los últimos 15 años, el petróleo y el S&P han tenido poca correlación, entre un rango de más o menos 20%, según datos de BNP Paribas. Pero a mediados de junio, el crudo y las acciones alcanzaron una vinculación récord de 75%, la más alta en 15 años. Ahora ha caído a alrededor de 40%, pero sigue siendo bastante alta.
A medida que la economía de EE.UU. mejore, el dólar debe estabilizarse, pero a niveles que sigan siendo beneficiosos para las ganancias de las empresas. Eso, más una mejor economía, debe ayudar a las acciones a cortar el cordón.