Con frecuencia, Wall Street es como una persona con una venda en los ojos que busca en un closet oscuro un par de zapatos negros que no están ahí. Ante la persistencia de la volatilidad en el Promedio Industrial Dow Jones, viene otra ronda de comportamiento fútil: la búsqueda de la "capitulación".
Existe la creencia de que el mercado puede tocar fondo sólo cuando un gran número de inversionistas se rinda, tire la toalla y venda hasta lo último de sus carteras de acciones. En teoría, si alguien puede determinar ese momento, podría ganar ilimitadamente al comprar en el punto más bajo.
Pero hay dos problemas. El primero es que la capitulación es casi imposible de definir. El segundo es que incluso si alguien identifica una capitulación, puede que no logre mucho con ello.
Los puntos bajos del mercado no están necesariamente marcados por olas de ventas frenéticas. Es frecuente que las acciones toquen fondo y se recuperen en medio de un ambiente solitario en el que se reducen las transacciones y la mayoría de los inversionistas pierden el interés. Los mercados pesimistas con frecuencia no terminan en capitulación sino en estupor.
Indicios falsos
"La idea es que, 'sabremos que hemos tocado fondo cuando el árbitro dé el pitazo final'", dice el profesor de finanzas Robert A. Schwartz de Baruch College de la City University de Nueva York. "Pero el árbitro puede sólo toser, salir al centro del campo de juego más de una vez o lentamente deslizarse por el fondo", advierte el profesor Schwartz. "En la caída, puede tener varias capitulaciones falsas. Y ¿cómo puede usted saber si es verdadera o falsa?".
Incluso los expertos del mercado que creen en la capitulación, admiten que no pueden definirla.
"La capitulación es un estado mental sin una definición específica", dice Al Goldman, estratega jefe de Wachovia Securities. "No se puede medir. Se identifica mejor con la ventaja de la perspectiva".
Hugh A. Johnson, jefe de inversiones de Johnson Illington Advisors, dice casi con nostalgia: "Ojalá pudiera cuantificarla y pudiera decir: Aquí está la capitulación.
Pero mucho de esto es anecdótico. Hable con suficientes inversionistas y tendrá una idea de si tenemos capitulación. "Hable con ellos más tarde y tendrá una idea completamente diferente. Lo que parece capitulación hoy ya no va servir si el mercado cae aún más mañana. Creo que estoy en lo correcto al decir que tuvimos capitulación el 10 de octubre (el día que el Dow perdió 700 puntos). Pero si seguimos cayendo, entonces tendría que decir que estaba equivocado y que esa no era la capitulación".
Es como insistir en que su mascota es un perro hasta que se da cuenta de que maúlla. La verdad es que los mercados bajistas no terminan en una ola de ventas crecientes sino en una nube de indiferencia. Un ejemplo es el 6 de diciembre de 1974.
El Dow cerró en 577,60, con una caída de 45% frente a los niveles de enero de 1973. El volumen total de transacciones fue de 15,5 millones de acciones. Sólo unos pocos días atrás se habían negociado 7,4 millones de acciones, lo que era el nivel más bajo en tres años. Lucien Hooper, uno de los analistas de valores más reconocidos del país le dijo a The Wall Street Journal ese día que el mercado "sólo estaba esperando a que pasara el mal momento".
Lejos de rendirse, los inversionistas todavía estaban en el centro del cuadrilátero.
"Lo más interesante sobre esto [el fondo del mercado en 1974] fue su falta de brillo", dice el gestor de fondos Ralph Wanger.
"No fue una avalancha, fue un deslizamiento. Los inversionistas veían el mercado, observaban la caída de unos cuantos puntos y volvían a sus casas. Al otro día, pasaban por lo mismo una vez más". Y entonces, sin advertencia, el toro se despertó y despegó. Para el 6 de enero de 1975, el mercado se había disparado 10% y un año después el Dow había subido 54% frente al punto más bajo de 1974.
En resumen, los mercados a la baja algunas veces terminan con un golpe estrepitoso y otras veces con un simple quejido. Es más probable que vea a un unicornio en su patio que un signo claro de que el mercado de acciones ha tocado fondo.
La atención obsesiva de tantos inversionistas sobre los grandes cambios en el Dow sugiere que puede que no hayamos llegado al fondo todavía: el estupor no parece haber calado aún. De lo que podemos estar seguros, sin embargo, es que los mercados de acciones en todo el mundo están en oferta. Si tiene efectivo de sobra, ponga una parte a trabajar. Si no, ahorre hasta que tenga efectivo. Pero no se engañe pensando que alguna vez va a tener una señal clara de un indicador tan poco claro.