Destacable, desde todo punto de vista, es lo ocurrido con la inflación en octubre. Según lo dicho por el Dane la semana pasada, el aumento en el Índice de Precios al Consumidor el mes pasado fue de -0,13 por ciento, con lo cual el alza acumulada en la canasta familiar, durante los 10 primeros meses del año, asciende a 1,98 por ciento, mientras que para los últimos 12 meses dicho incremento es de 2,72 por ciento. Así las cosas, es muy poco probable que la cifra al final del año supere el 3 por ciento, algo que no ocurría en más de medio siglo, con excepción de lo ocurrido durante un par de meses en 1962. Esa es una buena noticia para la política económica, pues el país ha quedado encarrilado en su meta inflacionaria de largo plazo, ubicada entre el 2 y el 4 por ciento anual. Ante lo sucedido, las tasas de interés de los títulos de deuda descendieron, algo que seguramente también se verá reflejado en la DTF, que mide el promedio de captación de los certificados de depósito a término. No faltarán, tampoco, las voces de quienes le pidan al Emisor nuevas medidas para que haga bajar el costo del dinero, pues en términos reales el descenso no ha sido tan grande. Sin embargo, es poco probable que las autoridades hagan algo en ese frente. El motivo es que su atención estará concentrada en dos eventos. El primero es la negociación del salario mínimo, ya que un aumento desmedido del mismo, que sería popular en plena época preelectoral, podría generar una nueva y grave espiral alcista. El segundo tema es el efecto que el fenómeno de El Niño pueda tener sobre el abastecimiento de alimentos. En el pasado las alzas han acompañado a los desórdenes climáticos y no hay motivo para pensar que al comenzar el 2010 no suceda algo parecido.
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