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Editorial / Nuevas tendencias

Y es que la aparición de nuevas tendencias es llamativa para una administración que ha disfrutado de calificaciones consistentemente altas a lo largo de más de siete años.

Pero tanto el estancamiento de la economía, como el escándalo de Agro Ingreso Seguro (AIS) lograron hacer mella en la apreciación de diversos temas y en la imagen de Álvaro Uribe, cuyo índice de favorabilidad descendió a 64 por ciento. Si bien es cierto que decenas de mandatarios en todo el planeta anhelarían una cifra así, el guarismo mencionado es el más bajo desde agosto del 2002. Debido a ello, no faltaron los analistas que afirmaron que un bajón de seis puntos porcentuales en apenas dos meses comprueba que el teflón que había protegido al Presidente en el pasado, comienza a mostrar algunas fisuras.

Aparte de los números del Jefe del Estado, es inquietante que los ciudadanos tengan una percepción más oscura de la realidad. Eso probablemente no dejaría de ser algo anecdótico, si no fuera porque las expectativas en descenso pueden afectar la marcha de la economía. De tal manera, hay que registrar que ya lleva algo más de un año la impresión mayoritaria de que en Colombia las cosas están empeorando.

La causa de esa opinión está directamente relacionada con los temas asociados al poder adquisitivo en particular y a la economía en general. Así, la proporción de quienes piensan que ese es el principal problema del país saltó al 48 por ciento, un nivel inferior al 57 por ciento registrado en julio, pero indudablemente alto. Es llamativo, por ejemplo, que haya crecido hasta llegar a 70 por ciento de los interrogados, la impresión de que la lucha contra la inflación no va bien, justo cuando el aumento en el Índice de Precios al Consumidor está por debajo del 3 por ciento anual, la tasa más baja en casi medio siglo.

También es relevante el fuerte incremento entre quienes piensan que en Colombia está empeorando la corrupción. Si en octubre del 2008 había equilibrio entre los sondeados, ese ya no es el caso. En números redondos, ahora 61 por ciento de las personas contactadas por Gallup en las cuatro ciudades más grandes del país piensan que ese tema va por mal camino, mientras que tan solo 25 por ciento tienen una opinión positiva. Incluso, a la hora de evaluar la gestión del Presidente en la materia, es notorio que por primera vez desde que asumió las riendas del Gobierno una mayoría (51 por ciento) la desaprueba.

Aunque es difícil saber si esa es la razón principal, el deterioro en ese terreno puede haber influido sobre las calificaciones que reciben otros temas como las relaciones externas o el apoyo al campo. Dicho de otra manera, parecería que en el público han calado las acusaciones sobre los manejos de AIS, golpeando el talante positivo sobre el estado de cosas en el territorio nacional y la impresión respecto a ciertos programas. Esa es una de las razones por las cuales la Casa de Nariño anunció la congelación en la entrega de dineros a personas de mayores ingresos y demandas en contra de quienes cometieron abusos.

No obstante, y más allá de que esa estrategia logre detener la oleada de pesimismo, son claras las consecuencias políticas del escándalo. Así lo demuestra el caso del precandidato conservador, el ex ministro Andrés Felipe Arias, cuya opinión negativa saltó 15 puntos, a 33 por ciento, mientras la positiva descendió 8 puntos, a 28 por ciento. Debido a ello, es claro que la oposición ha encontrado un flanco para atacar al Gobierno y que las críticas a lo sucedido probablemente aumentarán su volumen en los meses por venir.

Si la variación experimentada en las actitudes de los colombianos se mantiene, es algo que sólo se sabrá con el tiempo. Pero quienes entienden de estos asuntos, afirman que en la Casa de Nariño hay ahora más ceños fruncidos que en el pasado reciente. Una de las razones es que sin desconocer el respaldo ampliamente mayoritario que suscita todavía el nombre de Álvaro Uribe, cualquier retroceso es preocupante para mantener sólido el Estado de Opinión.

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