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Editorial / Un bache en el camino

Publicado el 05-11-09

Al mirar el tránsito de la crisis que puso en jaque al capitalismo mundial hace algo más de 12 meses, resulta claro que de un escenario apocalíptico, los analistas han evolucionado hacia el de una recuperación lenta y dolorosa. Dicho en otras palabras, las predicciones de una contracción global con similitudes a la que acompañó a la Gran Depresión de hace ocho décadas no se cumplieron, pero ahora la expectativa es que al planeta le tomará varios años regresar a los niveles de producción e ingreso que alcanzó a mediados del 2008. No obstante, en las últimas semanas ha comenzado a ganar fuerza la impresión de que por lo menos en ciertas zonas desastre actual acabará siendo apenas un pequeño bache en el camino.

Así lo acaba de confirmar el Banco Mundial, que ayer elevó su pronóstico sobre el crecimiento del sudeste asiático. Según la entidad multilateral, el Producto Interno Bruto de la subregión tendrá un incremento de 6,7 por ciento en el presente año, 1,3 puntos porcentuales más de lo que había estimado en abril pasado. Ese cambio de perspectiva es sorprendente si se tiene en cuenta que cuando se desató el huracán causado por la debacle del mercado de finca raíz en Estados Unidos, los primeros damnificados fueron Corea del Sur, Taiwán, Singapur o el propio Japón. La razón no fue otra que la dependencia de los territorios mencionados de la marcha de sus exportaciones, que sufrieron una verdadera parálisis en un momento dado.

Sin embargo, todo indica que la reacción de los gobiernos de la zona fue la correcta. En casi todos fueron puestos en marcha planes de estímulo que incluyeron rebajas en las tasas de interés, así como programas de gasto público y alicientes para que los consumidores abrieran sus billeteras. El resultado combinado fue un alza de la demanda interna, que puso en marcha de nuevo al ramo manufacturero.

La aplicación de la receta resultó particularmente efectiva en China, que aprobó un paquete valorado en 585.000 millones de dólares. Como efecto de impulsar el crecimiento hacia adentro, millones de personas adquirieron automóviles y electrodomésticos, al tiempo que miles de edificios de apartamentos fueron construidos, aparte de autopistas y ferrovías. Gracias a ello, ahora el Banco Mundial calcula que la nación más populosa de la Tierra tendrá un salto de 8,4 por ciento, suficiente inclusive para mantener a raya la posibilidad de un alza en la tasa desempleo.

Lo anterior no quiere decir, claro, que a todos les haya ido bien. En Camboya, Malasia y Tailandia habrá una contracción, mientras que Mongolia apenas crecerá. Pero aun a pesar de esas circunstancias, el cambio de tendencia es indudable, algo que ya ha comenzado a sentirse en el resto del mundo. Así lo demuestra el hecho de que el barril de petróleo haya vuelto a superar la barrera de los 80 dólares, ante la expectativa de que el consumo de hidrocarburos avanzará ahora a pasos más rápidos.

De hecho, las cosas van tan bien que la principal preocupación de las autoridades es que se desate la euforia, una razón por la cual hay quienes no ven bien la disparada en los precios de las acciones en bolsas como la de Shanghai o Seúl, ante el peligro de que regresen las burbujas especulativas. También hay quienes creen que los apoyos gubernamentales se deben mantener por un tiempo más, antes de que la economía global dé muestra de una mejor salud.

Sin embargo, el principal desafío es acostumbrar a economías que han crecido rápido gracias al desempeño de su sector exportador, a hacerlo de manera más balanceada, apoyándose en el surgimiento de una clase media cada vez más grande y próspera.

Hasta entidades como el Fondo Monetario Internacional sostienen que si naciones como China pasan a tener un comercio exterior más equilibrado y empiezan a comprarle más bienes al resto del mundo, no sólo la reactivación sería más veloz, sino que tendría bases más estables.

Semejante posibilidad es un campanazo de alerta para naciones como Colombia que tienen que mirar más a Asia. Así ya lo han hecho en América Latina países como Perú, Chile, Argentina y Brasil que no se han dejado derrotar por el argumento de la distancia y han aprendido que para crecer mejor, hay que concentrarse en los mercados más dinámicos del planeta.

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