El buen ambiente con el que concluyó la tertulia económica del miércoles pasado en la Casa de Nariño, citada para hablar de la "política de mediano y largo plazo frente a la revaluación del tipo de cambio", resultó sorpresivo para muchos de los convocados. Y es que en contraste con las quejas gremiales de épocas pasadas, en esta ocasión el consenso alrededor de los planteamientos hechos por el Ministerio de Hacienda, el Banco de la República y el sector privado fue evidente.
Pero la razón no tuvo que ver con el repunte del valor del dólar, que otra vez ha vuelto a oscilar en cercanías de los 2.000 pesos. El motivo fue la coincidencia de posturas que apuntan a una solución estructural, permanente y de largo plazo, que elimine de un tajo algunas de las causas de la apreciación del peso. En consecuencia, el Gobierno va a empezar a trabajar en el diseño de lo que los especialistas conocen como 'la regla fiscal', que es la definición de parámetros que promuevan el ahorro y la estabilidad en las cuentas públicas.
El fundamento para vestir de manera voluntaria una especie de camisa de fuerza que va a afectar la flexibilidad de los gastos gubernamentales es uno solo. Tal como lo demostró el Ministerio de Hacienda, existen en marcha grandes proyectos que ampliarán en forma sustancial la capacidad de producción del país tanto en minería como en hidrocarburos y energía. Según el inventario hecho, las inversiones en exploración y desarrollo de yacimientos, en construcción de oleoductos, gasoductos, refinerías y en infraestructura física, ascenderían a 47.114 millones de dólares hasta el 2015.
Esa cantidad no tiene precedentes en la historia de Colombia. Además, deberá aumentar el potencial exportador en forma sustancial. En carbón, por ejemplo, la meta de venderle al mundo 110 millones de toneladas al año debería ser realidad en menos de un lustro, mientras todo indica que el objetivo de producir un millón de barriles de petróleo tampoco suena descabellado. Si a eso se le agregan las posibilidades en oro, cobre, níquel y unos cuantos metales más, es fácil concluir que viene la revolución minera y que va a cambiar radicalmente la composición del comercio exterior colombiano. Tampoco hay que olvidar que de la mano de la demanda de China e India, los precios de los productos básicos deberían volver a subir con fuerza, una vez la economía mundial salga del bache de los últimos meses.
No obstante, el hecho de que el país se convierta en un exportador importante de materias primas merece más de una reflexión. La experiencia de otras naciones muestra que las riquezas contenidas en el suelo pueden ser una bendición que bien aprovechada conduce a avances importantes en el nivel de vida, tal como le ha ocurrido a Canadá o África del Sur. Pero también hay casos de corrupción y parasitismo como los de Nigeria y Venezuela, que generan mucho temor.
En el campo económico, el desafío más grande es evitar la propagación de la llamada 'enfermedad holandesa', que se expresa en un derrumbe de la tasa de cambio. Cuando eso ocurre no solo se abaratan en términos relativos las importaciones, sino que en casos extremos la industria del país afectado acaba desapareciendo. Dicha situación lleva al fin de las exportaciones manufactureras y crea desórdenes que limitan el crecimiento, aparte de que la bonanza estimula el desperdicio de los recursos públicos y la aparición de prácticas corruptas.
En consecuencia lo que se propone es seguir las lecciones de Noruega y Chile. Este último, por ejemplo, decidió generar todos los años un superávit en sus cuentas públicas, que aumenta cuando la economía crece por encima de su potencial o los precios del cobre se disparan. La fórmula definida le permitió ahorrar en la bonanza reciente y gastarse una parte importante de ese dinero cuando llegaron las vacas flacas.
La adopción de un modelo semejante -cuyos parámetros serían definidos pronto- requeriría de un gran acuerdo. Pero esa es la manera de enfrentar un cambio fundamental como el que viene para Colombia y evitar que una oportunidad inigualable se eche por la borda o acabe arrasando con el sector productivo. Por eso la regla fiscal -que debe ser una regla de oro- merece todo el apoyo, a pesar de quienes creen que las loterías, incluso las de la naturaleza, merecen gastarse cuanto antes.
PUBLICIDAD