Ya no tiene la espectacularidad de hace unos meses, pero sigue matando. Así se podría resumir lo sucedido con el virus de la gripa AH1N1 que ha vuelto a hacer sonar las alarmas en el mundo desarrollado con la llegada de la temporada invernal en el hemisferio norte.
Ante la arremetida del clima, las autoridades de salud en Europa, Asia y América del Norte esperan atentos la declaratoria de nuevos casos y, en particular, una eventual mutación de una pandemia que ha probado ser menos letal de lo que se pensaba, pero que ha dejado un número importante de víctimas fatales en decenas de países.
En el caso de Colombia, por ejemplo, el conteo de decesos debido al mal que originalmente fuera bautizado como 'gripe porcina', ya va en 131 personas.
En respuesta, las naciones ricas están intentando varias medidas. Una de ellas es aumentar las campañas de comunicación con el fin de que el público no baje la guardia y trate de limitar las posibilidades de contagio. Otra tiene que ver con la adecuada provisión del medicamento Tamiflu, que ha probado ser efectivo para disminuir la intensidad de los síntomas entre los afectados y, por ende, la posibilidad de muerte.
El tercer camino es el desarrollo y popularización de una vacuna que ya se encuentra en producción. El problema es que el número de dosis disponibles todavía no es considerable, con lo cual lo más probable es que su masificación sólo tenga lugar el próximo año y tan sólo en algunas naciones. Por ese motivo, los especialistas dicen que el mundo está mal preparado para enfrentar un virus peligroso, que puede resultar ser mucho peor.
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