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Editorial / Un culpable que no lo es

Publicado el 09-10-09

El nuevo descenso en el precio del dólar, que ayer volvió a romper su nivel mínimo en el año al cerrar por debajo de 1.860 pesos, tiene a los especialistas sorprendidos por lo que constituye, sin duda alguna, un hecho sorpresivo.

Basta con mirar las predicciones hechas hace pocas semanas por las principales firmas de análisis respecto al nivel de la divisa al finalizar el 2009, para concluir que una vez más la realidad transcurre por un camino muy diferente al de las expectativas.

En medio de un panorama en que sobran las hipótesis y faltan las explicaciones, no falta quien señala a la inversión extranjera como uno de los culpables de lo sucedido. Y es que a pesar del difícil entorno internacional, este rubro ha tenido un comportamiento sorprendentemente bueno a lo largo del año.

En contraste con los pronósticos de la Cepal, según la cual los ingresos de capital foráneo en América Latina tendrán un descenso del 45 por ciento entre enero y diciembre, en el país la baja ha sido de apenas 10 por ciento. De acuerdo con datos de la Balanza de Pagos que elabora el Banco de la República, al cierre del primer semestre lo recibido ascendía a 4.897 millones de dólares, 521 menos que en igual periodo del 2008. Por su parte, de acuerdo con la Balanza Cambiaria -que mide tan solo el movimiento de efectivo- dicho saldo ascendía a 5.807 millones de dólares hasta el pasado 18 de septiembre.

Así las cosas, todo apunta a un dato cercano a los 9.000 millones de dólares al finalizar el año. Dicha cifra no sólo sería la tercera más alta en la historia del país, sino que calificaría de excepcional teniendo en cuenta lo que pasa en otras latitudes.

Pero más allá del número global, es importante hacer notar que ha tenido lugar un cambio profundo en los ramos productivos que han recibido las sumas mencionadas. Al cierre de junio, por ejemplo, los dineros con destino al sector petrolero habían bajado 25 por ciento, mientras que los destinados a la minería habían aumentado 110 por ciento. A su vez, los giros hacia otras actividades -presumiblemente compra de activos, apertura de nuevas operaciones o ampliación de instalaciones- mostraban un retroceso del 36 por ciento.

Tales movimientos sin duda reflejan las circunstancias mundiales en un escenario de relativa incertidumbre. En el caso del petróleo, la descolgada en los precios durante la primera parte del año hizo menos atractiva la labor de exploración de crudo. Sin desconocer que la perforación de nuevos pozos ha continuado y que la producción interna se acerca cada vez más hacia los 700.000 barriles diarios, buena parte de esa dinámica se debe a que la labor de Ecopetrol ha aumentado.

De otro lado, y aceptando que los inversionistas siguen interesados en las posibilidades del mercado interno, el ritmo de antes ya no es el mismo. La causa principal es que la demanda, como sucede en otras latitudes, está resentida por causa del huracán económico y debido a esas circunstancias son más los que prefieren esperar y menos los que optan por hacer sus apuestas ya. Un banco, un nuevo establecimiento comercial o una industria establecida se ven ahora menos atractivos.

En cambio, no ocurre lo mismo con la minería. No sólo la maduración de los proyectos en este sector toma un plazo más largo, sino que las cotizaciones de los bienes básicos en los que el país tiene abundantes reservas -como el carbón y el oro- han resistido bien e incluso han subido.

Además, la percepción es que una vez que el actual bache recesivo pase, los precios volverán a niveles cercanos a los que tenían antes del estallido de la crisis. Si eso ocurre en el 2012 o en el 2015 es algo imposible de saber, pero en ese momento las exportaciones carboníferas podrían superar los 110 millones de toneladas, 50 por ciento más que en la actualidad.

El hecho de que el desarrollo de las nuevas instalaciones -ya sea puertos, minas o vías de acceso- influyó en el buen desempeño de las obras civiles que sacaron la cara por la economía colombiana en el primer semestre, contribuye a sustentar el argumento de que la inversión extranjera directa tiene poco que ver con el bajo nivel del dólar y mucho con mantener el ritmo de la actividad productiva.

Por ese motivo, sin desconocer que es necesario reaccionar ante la oleada revaluacionista, las medidas que se tomen no pueden pasar por cerrarle las puertas a los capitales no especulativos venidos de afuera.

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