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Editorial / Atención a la cartera

Publicado el 08-10-09

Desde hace meses, los expertos locales y foráneos, que han venido analizando el desempeño reciente de la economía colombiana, han coincidido en que la ausencia de problemas notorios en el sector financiero le ha ayudado en forma decidida al país a resistir el embate de la crisis internacional. En otras latitudes, por ejemplo, el estallido de la burbuja inmobiliaria llevó a una parálisis en la actividad crediticia que hasta ahora da tímidas señales de normalización.

Además, los efectos de la debacle han sido devastadores en las cifras contables. Según el Fondo Monetario Internacional, el castigo en los balances de los bancos de las naciones más poderosas ascendería a 2,8 billones de dólares, de los cuales apenas se han descontado 1,3 billones. La necesidad de asumir el resto del golpe, no sólo generará más saldos en rojo, sino limitará la capacidad de préstamo de las entidades afectadas, sobre todo cuando la reactivación sea más firme y tanto empresas como consumidores soliciten dinero, ya sea para acometer proyectos o comprar bienes.

Y eso es tan solo el comienzo. Los conocedores temen que una vez superado el primer dolor de cabeza, el de las malas inversiones, el negocio de prestar recursos se vea golpeado por otra ola. Esta tendría que ver con los atrasos en los pagos de las compañías cuyas ventas han disminuido y de los millones de personas que han perdido su empleo. Por tal razón, los más cautelosos insisten en que es todavía muy temprano para decir que el sector financiero global dejó lo peor de la tormenta atrás.

Así las cosas, y a primera vista, el contraste con el caso colombiano no podría ser más evidente. De acuerdo con el Dane, el crecimiento del ramo en el primer semestre fue de 4,6 por ciento, gracias a lo cual la caída en el Producto Interno Bruto no fue tan mala como esperaban los pesimistas. Por su parte, la Superintendencia Financiera reportó que entre enero y agosto las utilidades de los establecimientos de crédito ascendieron a 3,9 billones de pesos, 15,8 por ciento más que en igual periodo del 2008.

Bajo tales parámetros, no habría de qué preocuparse. Tanto la rentabilidad de las instituciones que operan en el país como su rentabilidad muestran un panorama tranquilo. Dicho de otra manera, la posibilidad de un rescate obligatorio como el que ha tenido lugar en Estados Unidos o Gran Bretaña es mínima. Sin embargo, una mirada más detenida a las cifras sugiere que algunas áreas merecen atención.

Quizás el tema más inquietante de todos es que la desaceleración en el ritmo de crecimiento de la cartera de préstamos ha seguido. En agosto ésta llegó a 147,9 billones de pesos, que equivale a un alza nominal anual de 6,9 por ciento. Ese dato no sólo es el más bajo en casi seis años, sino que contrasta grandemente con la dinámica exhibida por el sistema en el 2007. Aunque los saltos vistos en ese momento eran insostenibles, con incrementos en el volumen de préstamos superiores al 35 por ciento, un frenazo como el visto tampoco es bueno. Por ejemplo, el ramo de consumo que era el más dinámico está estancado, con un salto de apenas 1,3 por ciento en los últimos 12 meses.

Lo sucedido es una combinación de dos factores. De un lado, tanto en hogares como empresas hay un menor apetito para endeudarse, ante la certeza de que la coyuntura económica es más difícil. Adicionalmente, un grupo importante de compañías ha decidido acudir directamente al mercado y colocar bonos a largo plazo por cuantías que ya superan los 11 billones de pesos que, en otras circunstancias, podrían haber sido aportados parcialmente por los bancos.

Por otro lado, la mayor percepción de riesgo ha llevado a que las entidades de crédito hayan endurecido más los requisitos para entregar el dinero que administran. En consecuencia y a pesar de que sus captaciones han aumentado, los desembolsos no lo han hecho en la misma proporción, con lo cual el rubro que más ha crecido en el activo de los bancos es el de inversiones. Eso ha salido bien, en la medida en que los títulos de deuda del Gobierno se han valorizado, pero no es el escenario ideal. Puesto de forma descarnada, el desafío del sector es prestar más plata, para lo cual tiene que ofrecerla más o lograr que se la demanden.

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