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Editorial / Todavía falta mucho

Publicado el 03-07-09

Un interesante trabajo, hecho público por el Banco Mundial a comienzos de la presente semana, da una buena idea de la posición de Colombia en el contexto global. Pero no se trata de la consabida clasificación de datos económicos o de conquistas sociales. En este caso el estudio en cuestión tiene que ver con los indicadores de gobernabilidad entre 1996 y 2008, un periodo a lo largo del cual el país pasó de ser considerado un 'Estado fallido' por una prestigiosa publicación estadounidense, a uno posible, gracias al repliegue de los grupos violentos. Pero el documento mencionado va más allá y muestra los progresos en unas áreas, así como el largo camino que queda por recorrer en otras.

Para comenzar, es necesario tener en claro que la gobernabilidad se define como el conjunto de tradiciones e instituciones a través de las cuales se ejerce la autoridad en un país. El análisis incluye el proceso por medio del cual los gobiernos son elegidos, controlados o remplazados, al igual que la capacidad de las autoridades para formular y aplicar políticas acertadas, entre otros factores. En consecuencia, el Banco Mundial construye indicadores para seis áreas concretas, utilizando como fuente más de una treintena de mediciones subjetivas y objetivas, realizadas por otras instituciones.

Dicha metodología permite elaborar tablas para 212 naciones y territorios, en las siguientes categorías: voz y rendición de cuentas, que tiene que ver con participación democrática y ejercicio de libertades; estabilidad política y ausencia de violencia, relacionada con la presencia de actos de desestabilización o terrorismo en un territorio; eficacia del Gobierno, que mide asuntos como la cobertura de los servicios públicos o la capacidad de la administración; calidad del marco regulatorio, asociada a la habilidad gubernamental para emitir reglamentaciones acertadas; estado de derecho, que examina la confianza en la justicia y la eficiencia de la misma; y, finalmente, el control de la corrupción.
En su momento, no faltó quien criticara al Banco Mundial, cuyo rol fundamental es promover el desarrollo y combatir la pobreza, por meterse en estos temas. Sin embargo, innumerables estudios prueban que una mayor gobernabilidad le ayuda al crecimiento económico y no al revés. Una gestión pública de calidad incide directamente sobre la mortalidad infantil o el nivel de ingreso, para sólo mencionar dos ejemplos concretos.

En términos generales, el trabajo mencionado da pocos motivos para el optimismo, pues la evolución positiva del mundo ha sido escasa. Claro que hay casos como los de Perú o Níger en rendición de cuentas, los de Argelia y Angola en estabilidad política, los de China y Rwanda en eficacia del Gobierno, los de Georgia y Libia en calidad del marco regulatorio, los de Letonia o Liberia en Estado de Derecho o los de Indonesia y Serbia en control de la corrupción. Pero también está el retroceso manifiesto de Zimbabwe, Costa de Marfil, Bielorrusia o Venezuela, en donde el deterioro ha sido significativo.

Por su parte, Colombia ha tenido algunos avances. Es cierto que ha mejorado en estabilidad política y ausencia de violencia, pero todavía el 92 por ciento de países analizados tiene mejores indicadores en este campo. En cambio, en eficacia del Gobierno esa proporción disminuye a 40 por ciento, una cifra similar a la de calidad del marco regulatorio. Por su parte, a la hora de mirar el Estado Derecho, 62 por ciento de las naciones del mundo están más arriba, pero hace apenas un lustro dicha proporción ascendía al 80 por ciento. Por último, en lo que tiene que ver con la corrupción, la posición es la de la mitad, muy superior a la de comienzos de la década, pero inferior a la de hace un par de años.

Todo lo anterior demuestra que los indicadores dan un panorama sobrio de la realidad colombiana en materia de gobernabilidad.

Aunque el progreso frente al bache de finales de los noventa es indudable, en varios casos el país ha retornado a datos similares a los que tenía en 1996. Eso es bueno, en el sentido de que la tendencia negativa cambió de signo, pero malo porque no ha existido un gran salto histórico. En consecuencia, no hay más remedio que seguir trabajando para avanzar en una serie de áreas claves como las mencionadas, en las cuales todavía queda tanto por hacer. 

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