No fueron pocas las caras de sorpresa ayer, cuando el Ministro de Hacienda dijo categóricamente que la economía colombiana no se encuentra en recesión. Así respondió el funcionario a una pregunta hecha durante la rueda de prensa, convocada con el fin de analizar las cifras del Dane respecto al comportamiento del Producto Interno Bruto en el primer trimestre del 2009. Según la entidad, entre enero y marzo pasados existió una contracción de 0,6 por ciento frente al mismo periodo del año pasado, pero un crecimiento del 0,2 por ciento en comparación con los meses finales del 2008. Bajo esas circunstancias, y desde el punto de vista de la definición más estricta, no se puede hablar de una contracción sostenida.
Tal como ocurre en estos casos, el Ministro encontró contradictores con prontitud. De hecho, no faltó quien le recordara que la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas de Estados Unidos sostiene que una recesión ocurre cuando se presenta un declive significativo en la actividad económica, que dure varios meses y que sea evidente tanto en el PIB como en el ingreso, el empleo, la producción industrial y las ventas al por menor. Otros señalaron que la revisión a la baja del dato de crecimiento en el último trimestre del 2008 o el hecho de no tener Semana Santa en marzo del presente año, permitieron que la comparación fuera más favorable y que la economía volviera, por causas fortuitas, al terreno positivo.
Ese debate, sin embargo, tiene mucho de irrelevante. Y es que partidarios y opositores del Gobierno coinciden en que los efectos del tornado que ha hecho estragos en todo el planeta, también se han sentido en Colombia. En el mejor de los casos la economía nacional tendrá un balance en negro en diciembre, pero estará muy lejos de su promedio histórico y de los niveles que necesita para mantener a raya el aumento en el desempleo y en los índices de pobreza.
Lo anterior está relacionado con el pobre desempeño de sectores que hasta hace poco tuvieron cifras envidiables. La peor suerte es la de la industria con un descenso anualizado de 7,9 por ciento y que viene en reversa desde hace 15 meses. Parte de lo sucedido tiene que ver con la menor fabricación de vehículos debido al pobre desempeño del mercado interno y al cierre paulatino de las fronteras en Venezuela y Ecuador. Pero de un tiempo para acá los saldos en rojo han llegado o se han hecho más intensos en la mayoría de actividades manufactureras. Tampoco le ha ido bien al comercio, cuyo descenso fue de 2,7 por ciento, ni al transporte con -2 por ciento. Incluso el ramo agropecuario tuvo un descenso, atribuible ante todo al café que, debido a factores climáticos y de renovación de cultivos, mostró una contracción del 20,7 por ciento en la primera parte del año.
La otra cara de la moneda corrió por cuenta de la minería. La producción de petróleo, por ejemplo, tuvo un alza de 12,1 por ciento, mientras que la de minerales metálicos saltó 32,7 por ciento, un fenómeno relacionado con la huelga que afectó a Cerro Matoso a comienzos del 2008. La dinámica que experimenta el sector, comprobada por el aumento en las cifras de inversión extranjera, también fue definitiva para que el capítulo de obras civiles relacionadas con la exploración y búsqueda de yacimientos, registrara un incremento de 21,2 por ciento. Gracias a ello, la construcción como un todo tuvo un avance del 4,1 por ciento, a pesar de una caída del 14,1 por ciento en edificaciones. No menos importante fue lo que le pasó al sector financiero, cuya fortaleza contrasta con la debilidad que se ve en otras latitudes, y que tuvo un crecimiento del 4,7 por ciento.
Por cuenta del buen desempeño en estas áreas, el resultado fue muy superior al que esperaban los analistas. A comienzos de la semana el promedio de los pronósticos estaba entre un retroceso de 1,3 a 1,5 por ciento en el PIB, mientras que Planeación Nacional hizo un estimativo de -0,7 por ciento. Además, el dato entregado por el Dane se diferencia, de lejos, con lo visto en otras latitudes, tanto de América como en Europa y Asia. Pero quizás lo más alentador es que han subido las posibilidades de que el crecimiento de la economía sea positivo en el 2009. Sin desconocer las dificultades y los retos, las señales han mejorado.
Ahora se trata de hacer bien la tarea para que vuelva pronto la confianza y, ojalá, vuelvan a pastar las 'vacas gordas' en un terreno que todavía se ve yermo.
PUBLICIDAD