Quizás por ser un tema complejo, ha sido escaso el cubrimiento que ha recibido la luz verde que le dio el Congreso, la semana pasada, al proyecto de ley sobre temas relacionados con las Tecnologías de Información y las Comunicaciones. La iniciativa, que estuvo en salmuera durante más de dos años, establece un nuevo marco con respecto a una actividad cuyo peso es creciente en la economía colombiana.
Las cifras son elocuentes. Según un informe reciente de la Comisión de Regulación de Telecomunicaciones (CRT), la dinámica del ramo es indiscutible. La penetración de la telefonía móvil, que apenas comenzó hace 15 años, ascendió a finales del 2008 a 93 por ciento de la población, con más de 40 millones de abonados. De acuerdo con el Dane, casi 84 por ciento de los hogares colombianos tiene al menos un celular, lo cual explica el fuerte incremento en ventas de las empresas que proveen el servicio. Por otra parte, el porcentaje de familias con acceso a Internet pasó de 5,5 a 12,8 por ciento en los últimos cinco años, con lo cual el país conserva el noveno lugar en el parámetro de conectividad en la clasificación mundial, dentro de 25 economías emergentes, y mantiene el quinto lugar en la región latinoamericana.
Tales circunstancias han revolucionado el modelo de comercio de un segmento que se mueve a velocidad vertiginosa. Por ejemplo, la masificación de las redes móviles de alta velocidad o de tercera generación (3G), rompió el cuello de botella que existía para la llegada de Internet a lugares apartados. En consecuencia, es claro que el concepto tradicional de la larga distancia y de la transmisión de voz y datos sigue sujeto a cambios permanentes.
No obstante lo anterior, el negocio sigue creciendo, pues en el 2008 los ingresos de las diversas compañías que participan en este, incluyendo a las de radio y televisión, ascendieron a 21,9 billones de pesos con un crecimiento del 10 por ciento frente al año precedente. El área más dinámica fue la de servicios de valor agregado con un incremento del 59 por ciento y ventas de 3,5 billones de pesos, mientras que la de mayor peso es la telefonía móvil con una facturación de 8,6 billones de pesos, según la CRT.
A la luz de tales números, es indiscutible que Colombia necesitaba una normatividad moderna. Para sus defensores, esa es la principal cualidad de la ley aprobada, la cual expresa que "la investigación, el fomento, la promoción y el desarrollo de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones son una política de Estado". Por cuenta de ese principio, se unifica el marco institucional, se crean reglas claras para la solución de controversias y se establece un régimen de transición para que las entidades afectadas se adapten de manera gradual a las variaciones.
En general hay que destacar la promoción de la libre competencia y del uso eficiente de la infraestructura, así como la protección a los derechos de los usuarios y los incentivos para la inversión privada, todo dentro del esquema de la neutralidad tecnológica.
Aunque puede parecer un asunto semántico hay que destacar la afirmación que se hace sobre que las telecomunicaciones son servicios públicos, mas no de carácter domiciliario, una definición combatida por la Superintendencia del ramo. Al aceptar que la actividad es móvil, se introducen normas sobre su supervisión que eliminan algunos de los obstáculos actuales.
De manera puntual es necesario subrayar no sólo el cambio de nombre del Ministerio del ramo, que ahora se llamará 'de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones', sino la creación de la Agencia Nacional del Espectro. Este nuevo ente no tendrá nada de fantasmagórico, sino que estará a cargo del tema de las frecuencias radioeléctricas, que pedía a gritos un organismo técnico que elimine el desorden en este campo.
Casos como ese ayudan a entender por qué han sido pocas las voces críticas en contra de la nueva ley. Aunque es probable que con el tiempo sea necesario hacerle ajustes puntuales, vale la pena saludar una iniciativa que debería permitir la consolidación de un sector que ha crecido mucho en Colombia, pero que puede avanzar todavía mucho más.
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