Ayer el Banco Central Europeo, encabezado por su presidente Jean-Claude Trichet, tomó la decisión de volver a recortar su tasa de interés principal, esta vez en un cuarto de punto para dejarla en 1 por ciento.
El nivel es históricamente bajo y busca hacerle frente a la peor recesión que afronta el Viajo Continente desde la Segunda Guerra Mundial.
Trichet anunció que el BCE podría recortar aún más la tasa. Esta declaración parece no tener mucha relevancia, ya que el margen de maniobra del banco de la Eurozona para seguir rebajando el tipo de interés se estrecha cada vez más.
Sin embargo, el mensaje que envía el presidente de la entidad tiene mucho sentido si se compara con la capacidad de actuación que tienen sobre esta herramienta monetaria sus más importantes vecinos.
Ayer mismo el Banco de Inglaterra decidió mantener en 0,5 por ciento su tasa directriz, con lo que queda demostrado que su margen de maniobra llegó a un límite.
Y qué decir de los casos de Japón y de Estados Unidos. A mediados de marzo, la junta directiva del banco central del gigante asiático optó, de manera unánime, por dejar en 0,1 por ciento su tasa principal. La Reserva Federal de Estados Unidos está en una situación similar, ya que la capacidad para rebajar su tipo de interés es casi nulo. Actualmente, la tasa de la FED está entre 0 y 0,25 por ciento.
Así las cosas el anuncio de Trichet es claro: el BCE todavía tiene un pequeño margen de maniobra con el cual intentará mitigar los impactos de la crisis financiera interncional. En su próxima reunión el banco de la Eurozona podría hacer un nuevo recorte, situación que muchos emisores envidian.
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