Parece que la aviación comercial no logra reponerse del todo de un golpe cuando ya está recibiendo otro más fuerte.
Después de los fatídicos ataques del 11 de septiembre en Nueva York que derribaron las Torres Gemelas, la industria no ha logrado enderezar su curso, a duras penas ha logrado sobrevivir a una serie de hechos que la han obligado a volar con el tren de aterrizaje de emergencia.
Las imágenes de aviones comerciales estrellándose contra el imponente World Trade Center quedaron grabadas en la memoria colectiva del planeta y fueron un cimbronazo para el sector de la aviación comercial.
El temor de los pasajeros a viajar en avión, sumado a los excesivos controles en aeropuertos, redujeron de manera considerable los beneficios de las aerolíneas en todo el mundo.
Casi siete años después, cuando las compañías aéreas habían recuperado algo del aire debajo de sus alas, un nuevo fenómeno las impactó de lleno. Esta vez, los altos precios del petróleo, que en julio del año pasado alcanzaron un récord histórico cercano a los 150 dólares por barril, volvieron a teñir de rojo sus balances.
Los altos costos del combustible impulsaron a que las aerolíneas aumentaran sus tiquetes, razón por la cual el flujo de viajeros se redujo una vez más.
Y ahora, como si la crisis financiera internacional no fuera suficiente para golpear a la industria, la aparición de la gripa porcina y las alarmas de una propagación mundial han vuelto a afectar el curso de las aeronaves.
El comienzo de la semana estuvo marcado por fuertes descensos en bolsa de las principales compañías aéreas del mundo. Los temores de los viajeros han regresado, mientras que las aerolíneas intentan capotear una nueva turbulencia.
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