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Señales contradictorias

Publicado el 29-04-09

La declaración dada ayer en Cali por el ministro de Minas, Hernán Martínez, poco después de reunirse con representantes de los principales ingenios vallecaucanos con el fin de dialogar sobre el cambio de la fórmula de fijación de precios del alcohol carburante, fue contundente. Según el funcionario, no habrá revisión al esquema adoptado hace unas semanas de manera sorpresiva, que reformó de hecho la política definida hace un año por el Conpes con respecto al sector de los biocombustibles. En respuesta, tanto los productores de etanol como diversos gremios reiteraron sus quejas por la variación en las reglas del juego y volvieron a insistir en la suspensión de nuevas inversiones en una actividad que, en el pasado reciente, ha demandado recursos millonarios.

Semejantes diferencias no son buenas a la luz de lo que debe hacer el país en el tema. Además, el clima de animosidad actual contradice los propósitos del mismo Gobierno, dirigidos a estimular el consumo de etanol en los años por venir. Así quedó claro con la expedición de un decreto a finales de marzo, según el cual la totalidad de los vehículos nuevos con motores de menos de 2.000 centímetros cúbicos, que sean vendidos a partir del 2012 en el territorio nacional, deben funcionar con diferentes mezclas de gasolina y alcohol carburante, que pueden llegar a contener hasta el 85 por ciento de este último. Ese es un cambio fundamental frente al requisito presente de avanzar hasta el 10 por ciento del compuesto, el cual no ha podido ser cumplido a cabalidad, porque la producción interna es todavía insuficiente.

De acuerdo con Planeación Nacional, la capacidad de las plantas instaladas en el Valle llega a algo más de un millón de litros de etanol diarios que equivalen a cerca del 8 por ciento del consumo local. En las condiciones actuales, la cosecha de caña de azúcar que se destina a este fin asciende a 3,8 millones de toneladas, con un área cultivada superior a las 35.000 hectáreas. Como la caña es la materia prima más eficiente a la hora de hacer alcohol, no está de más preguntarse de dónde va a salir el excedente que permita atender el mayor consumo previsto y quién se va a encargar de los procesos industriales, si el sector privado dice que el negocio no le interesa.

En respuesta no faltará quien diga que todo es arreglable. Por un lado, los cálculos del Ministerio de Agricultura aseguran que es posible ampliar la frontera agrícola y aumentar los cultivos de caña sin afectar la oferta de alimentos. Por otro, es probable llegar a una fórmula que compatibilice las aspiraciones de los ingenios, del Ministerio y de los usuarios. Adicionalmente, y frente a las quejas de los importadores y de la industria automotriz sobre las especificaciones que son necesarias en los nuevos motores, es claro que la tecnología está disponible, como lo demuestra el caso de Brasil en donde los motores pueden usar diferentes mezclas de etanol y gasolina.

Así las cosas, lo que resulta incomprensible es la incapacidad gubernamental para articular un mensaje coherente con respecto a un tema tan importante. Diversos análisis indican que la política de estimular la producción de biocombustibles es correcta, mientras se tenga claridad sobre la eficiencia del insumo utilizado, se evalúen los impactos ambientales de cultivos específicos y no se golpee la provisión de comida. Al mismo tiempo, el uso de alcohol o biodiésel baja los niveles de contaminación y mejora la calidad del aire, sobre todo en ciudades de alta densidad vehicular.

Pero en lugar de tener una hoja de ruta clara, que incluya mecanismos de diálogo y cooperación con los agricultores, los industriales y los consumidores, lo que se está viendo es la aparición de medidas que sorprenden y envían las señales erróneas. Tal como sucedió en el caso de los precios internos de la gasolina, que acabaron siendo reducidos para evitar en forma infructuosa el paro de transportadores, en este caso también habría sido más sencillo evaluar antes de actuar bajo presión. En medio de la crisis actual y cuando la confianza inversionista se encuentra golpeada, hay que tener cuidado con mensajes que por ahora denotan más confusión que claridad.  

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