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Un mundo en alerta

Publicado el 28-04-09

Las imágenes que muestran a los mexicanos desplazándose por las calles de sus ciudades con tapabocas, son quizás el más elocuente testimonio de lo profundo que ha calado en los habitantes del país más populoso de Hispanoamérica la epidemia de gripa porcina que ya ha dejado más de un centenar de víctimas.
Pero al tiempo que las autoridades de esa y otras naciones toman medidas para evitar la transmisión de la enfermedad, no deja de llamar la atención la histeria de los mercados y de uno que otro funcionario en el manejo de un tema que, para ser solucionado, necesita una buena dosis de cabeza fría.

Y es que tal como sucedió en años recientes con los casos de la enfermedad de las vacas locas en Gran Bretaña, de la influenza aviar en Asia o del síndrome respiratorio agudo grave en Canadá, la cordura también entra en cuidados intensivos cuando de la salud se trata. No de otra manera puede entenderse la determinación de las autoridades chilenas de someter a estrictos controles a los jugadores de un equipo de fútbol de Guadalajara que llegaron a jugar un partido o la decisión de los gobiernos de Rusia o Tailandia de limitar las importaciones de carne de cerdo, a pesar de que el consumo de la misma no está relacionado con el mal.

Como consecuencia de las preocupaciones generalizadas, las acciones de las compañías aéreas se desplomaron en diversos mercados de valores, bajo el supuesto de que la gente se abstendría de viajar. Al mismo tiempo, los títulos de las empresas farmacéuticas se dispararon, aunque no está claro el remedio que puede ser efectivo para combatir a la amenaza.

Según los fanáticos de la historia, todo está relacionado con el imaginario popular y con las profecías apocalípticas de quienes recuerdan las pandemias que acabaron con la vida de pueblos enteros, tal como ocurrió con la peste negra en la edad media o con la gripe española a comienzos del siglo XX. Y aunque el peligro de que un cataclismo viral vuelva a ocurrir es totalmente válido, también lo es que los avances técnicos y tecnológicos de las últimas décadas no son despreciables. Gracias a ellos, así como a la mejor nutrición y al cuidado preventivo, la esperanza de vida en el mundo ha subido hasta 66 años y en América Latina a 74, casi 18 años más que en 1960. Al mismo tiempo, no falta quien se sorprenda con el tremendismo mediático por lo ocurrido en México, sobre todo si se tiene en cuenta que, de acuerdo con las Naciones Unidas otros males merecen más atención. Por ejemplo, el número de muertos anuales que dejan las enfermedades coronarias en el mundo asciende a 7,2 millones de personas, mientras que la presión arterial elevada causa otros 5,5 millones de fallecimientos y la gripa simple y la neumonía le agregan casi 4 millones de seres a esa cuenta siniestra.

Así las cosas, por ahora es claro que falta información. Aunque todo indica que el virus es una nueva cepa con raíces en enfermedades respiratorias que atacan a los cerdos, las aves y los humanos, los especialistas no han podido determinar si todos los contagiados en las diferentes naciones tienen el mismo problema o si las víctimas fatales lo fueron por igual razón. Dentro de lo que se ha podido certificar, es preocupante que las poblaciones en riesgo no son solo ancianos y niños, como fue el caso con epidemias anteriores, sino que adultos saludables también han resultado afectados. No obstante, resulta alentador que los medicamentos para el resfriado común son efectivos y que la posibilidad de sobrevivir a la gripa es alta si esta se atiende temprana y oportunamente.

Mientras todo eso ocurre, los científicos tratarán de trabajar en una vacuna, a pesar de que el proceso de desarrollar un antídoto toma normalmente varios meses. La experiencia de circunstancias similares sugiere que habrá mutaciones genéticas, tal como ocurrió en esta oportunidad, y que la comunidad médica tendrá que enfrentarse en el futuro a nuevos episodios como el presente, así este se controle con un número limitado de víctimas. Pero por ahora la prioridad es contener el contagio para que, sin desconocer la gravedad de la situación, regrese la normalidad a un mundo que, con o sin gripa porcina y por cuenta de la descomunal crisis de los últimos meses, continúa en cuidados intensivos.

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