Ha pasado mucha agua bajo los puentes, desde cuando en junio de 1925 el estadounidense Walter P. Chrysler constituyera la empresa que lleva todavía su nombre. Desde ese entonces, los norteamericanos y el mundo en general empezaron a rodar en automóviles producidos inicialmente en Detroit y con el paso de los años en decenas de países, incluyendo a Colombia durante algunos años.
Pero ahora el panorama es totalmente diferente y esa agua que corrió bajo los puentes podría terminar por ahogar a uno de los tres fabricante de vehículos más importantes de E.U. Al menos eso especula la prensa estadounidense, que señala que el Departamento del Tesoro se prepara para que Chrysler anuncie la próxima semana una suspensión de sus pagos, es decir, la temida bancarrota.
A pesar de los planes hechos por la compañía para restructurar sus deudas, que incluyen una alianza con la italiana Fiat, las autoridades en Washington ven poco probable que el próximo primero de mayo (fecha límite señalada por el presidente Barack Obama) la compañía presente un programa de reajustes que la desvíe de la ruta hacia la quiebra.
Según indicó ayer la prensa, Chyrsler ofreció a sus acreedores 22 centavos por cada dólar de deuda, así como un 5 por ciento de los títulos de la nueva alianza con Fiat.
Sin embargo, la oferta está muy lejos de los 65 centavos por dólar y del 40 por ciento de las acciones de la naciente empresa que reclaman las personas a las que el fabricante no les ha cancelado sus obligaciones.
Así las cosas, la de Chrysler sería un historia con principio feliz pero con final muy triste, además representaría un fuertísimo golpe para la industria automotriz en todo el mundo.
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