En abril de 1994, pocos meses después de la entrada en vigencia de la ley que revolucionó el sistema de seguridad social, empezaron a funcionar las administradoras privadas de fondos de pensiones. Hoy, 15 años más tarde, dichas entidades disponen de activos por más de 68 billones de pesos, sin incluir lo correspondiente a las cesantías. A la luz de los recursos manejados y de la vinculación de millones de personas como usuarias del esquema, la experiencia ha sido, sin duda, exitosa.
Pero la tarea no está completa. Así lo deja en claro un trabajo que se acaba de publicar en el cual algunos investigadores del Banco de la República y de Planeación Nacional hacen una serie de consideraciones fundamentales. La conclusión principal del estudio tiene que ver con la baja cobertura del sistema. Éste además agrega que menos de la mitad de los afiliados a los fondos privados podrá alcanzar una pensión, a menos que cambien dramáticamente las reglamentaciones o las condiciones de desarrollo del país.
Lo sucedido está asociado al gran peso de la informalidad en Colombia. Según cálculos de Fedesarrollo, 48 por ciento de los trabajadores colombianos tienen ingresos inferiores a un salario mínimo. Semejante realidad del mercado laboral explica la baja cobertura, pues millones de personas no realizan aportes a pensiones o sus cotizaciones son esporádicas, más allá de si están en el sistema privado o en el público. De acuerdo con la Superintendencia Financiera, menos de una tercera parte de los inscritos en el Seguro Social cotizan periódicamente, mientras que en los fondos de pensiones dicha proporción asciende a cerca del 45 por ciento.
Por tal motivo, no se necesita ser un experto para entender que con tales niveles de informalidad, no es viable ampliar la cobertura ni en pensiones ni en ninguno de los otros sistemas, a menos que se otorguen subsidios con cargo al Presupuesto Nacional, como ocurre con el régimen subsidiado en salud. Bajo las circunstancias detectadas, parece imposible que cientos de miles de ciudadanos alcancen a acumular las semanas de cotización requeridas para tener derecho a una mensualidad en el Seguro Social, ni reunir el capital suficiente para financiar una pensión de vejez en los fondos privados.
Ahora bien, a este panorama se suma la falta de un mayor análisis, sin apasionamientos y con visión de largo plazo. Para algunos, supuestos como el aumento del monto aportado o de las semanas de cotización no solo son difíciles políticamente, sino que desconocen la situación laboral del afiliado y el fenómeno de la informalidad. Otros creen que incluso dentro de las limitantes actuales se pueden introducirle correcciones a un modelo que tiene mucho de bueno, pero que todavía dista de ser perfecto.
Hechas tales reflexiones, hay que resaltar que las administradoras de fondos de pensiones, en su gestión de inversiones, han logrado rentabilidades anuales del 8,5 por ciento anual en términos reales desde el inicio del sistema, resultados que son destacables en Colombia y en cualquier parte del mundo. Gracias a esta labor, de los 63 billones de pesos de los fondos de pensiones obligatorias, 32 billones son rendimientos. Lo anterior significa que por cada peso de aportes de un afiliado, en promedio este ha recibido un peso adicional producto de los rendimientos.
Pero estos favorables resultados parecerán insuficientes si no se combate la informalidad y la poca continuidad en el pago de los aportes. También parece necesario reconocer el aumento en la esperanza de vida de la población, que ha crecido en forma sostenida desde hace varias décadas y que, en otras latitudes, ha llevado a reformar la edad de jubilación o a igualar los requisitos de hombres y mujeres.
Pero más allá de entrar en el campo de las propuestas específicas, es claro que hay un trabajo pendiente sobre todo a la hora de encontrar una fórmula que resulte, preferiblemente, autosostenible. Todas las ideas que han surgido, así como otras que pueden emerger, deberían discutirse de manera estructurada y con la participación de los más diversos involucrados, con el fin de fortalecer un esquema que merece muchos aniversarios más.
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