Los presagios no eran buenos. Por eso, cuando el Fondo Monetario Internacional reveló ayer sus más recientes estimativos sobre la marcha de la economía mundial, fueron pocos los sorprendidos. Y es que según la entidad multilateral las perspectivas no han hecho más que empeorar en el curso de las últimas semanas. Tanto, que frente al pronóstico de caída en el Producto Interno Bruto global hecho hace algo más de un mes, la entidad es ahora todavía más negativa. De acuerdo con los técnicos del organismo, la contracción en el planeta llegará a 1,3 por ciento en el 2009, no solo la peor en más de seis décadas, sino la más generalizada. Si bien la expectativa es que para el próximo año regresen las cifras positivas, el crecimiento sería apenas de 1,9 por ciento, confirmando que la recuperación va a ser particularmente lenta.
La causa de dicho deterioro ya no es una sola. Aunque los países más afectados siguen siendo Japón con un retroceso del 6,2 por ciento en su PIB, Estados Unidos, cuya baja sería de 2,8 por ciento, y los integrantes de la Zona Euro, que tendría una caída del 4,2 por ciento, otras regiones van a salir muy golpeadas. En el caso de los más ricos las razones tienen que ver con los líos en el sector financiero y la descolgada en el comercio internacional de bienes.
Por su parte, las economías emergentes van a resultar damnificadas por las menores cotizaciones de las materias primas, por la disminución en las remesas que envían los trabajadores migrantes y por la fuerte reducción tanto en los flujos de inversión como en los cupos de crédito disponibles. Debido a tales factores, los llamados tigres asiáticos van a perder uno que otro diente, pues la marcha atrás de sus economías se calcula en 5,6 por ciento. Tampoco le irá bien a Europa Oriental, de donde han salido recursos millonarios y cuyo caída sería del 3,7 por ciento.
A su vez, América Latina y el Caribe se aprestan a pasar del rojo al negro. Al cabo de un lustro en el cual la economía regional creció cerca del 5 por ciento, ahora el fondo le apuesta a una reducción del 1,7 por ciento. Dentro de ese grupo la peor suerte le correspondería a México, que va a recibir el impacto combinado del menor precio del petróleo, de ingresos más bajos por remesas y de una caída en sus ventas a los Estados Unidos. Al mismo tiempo, productores de materias primas como Brasil, Argentina y Venezuela verán disminuir sus ingresos externos y con ellos su capacidad de tomar medidas para mitigar la tempestad.
Por su parte Colombia, que hasta hace poco se veía teniendo un crecimiento positivo, ahora se encamina hacia un dato cercano al cero por ciento. Aunque dicho guarismo estaría por encima del promedio regional y se parecería mucho al de Chile, es claro que las perspectivas son más oscuras que en el pasado reciente. Una de las razones es que a diferencia de otros Estados del área, el país tiene poco espacio para poner en marcha paquetes de estímulo debido al ya abultado faltante fiscal. También preocupa la capacidad del sector privado de prorrogar los créditos externos que tiene vigentes y que a finales de febrero tenían un saldo de 16.553 millones de dólares. De hecho, si se mira el aumento en los márgenes de riesgo para este tipo de deuda, el deterioro ha sido el más alto de todos, con excepción de Venezuela y México.
En ese sentido, es indispensable que las autoridades le hagan un seguimiento continuo tanto a los cupos de las entidades financieras internacionales con sus corresponsales en el país, como al costo de los mismos. También es bueno desarrollar mecanismos de alerta temprana para diseñar programas que le permitan a una compañía local pasarse a deudas en pesos, en caso de que no pueda renovar sus obligaciones. Aunque hasta ahora son pocos los reportes de recortes, ya empresas brasileñas y mexicanas han tenido que tocar las puertas de sus respectivos gobiernos. Hechas tales consideraciones, es bueno tener en cuenta que la volatilidad sigue siendo la norma y no la excepción. Por tal motivo, todos los pronósticos tienen un margen elevado de error. Solo falta esperar que, con el paso de los meses, las cosas no resulten ser tan oscuras como las ve el Fondo Monetario hoy en día.
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