El de ayer fue un día alentador para Wall Street. Debido a la noticia dada por el banco JP Morgan Chase, en el sentido de que sus utilidades en el primer trimestre del año habían llegado a 2.100 millones de dólares, el índice Dow Jones subió hasta los 8.125 puntos, 1,2 por ciento por encima del cierre de la sesión previa.
Las buenas nuevas provenientes del sector financiero estadounidense, en donde ahora comienzan a aparecer los saldos en negro después de las cuantiosas pérdidas de finales del año pasado, han generado la sensación de que lo peor de la crisis ya pasó. De hecho, el valor promedio de las acciones que se transan en la bolsa de Nueva York está 24 por ciento por arriba del mínimo registrado el 9 de marzo.
Por otra parte, sendos pronunciamientos hechos por Barack Obama y Ben Bernanke, el presidente del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos, sugieren que ya hay luz al final del túnel. En otras palabras, de la caída libre de los últimos tiempos, empiezan a verse señales de que el ascensor de la economía en descenso ya tocó piso. Así parecería demostrarlo el hecho de que la producción industrial en algunos sectores específicos ha vuelto a crecer y que en ciertas áreas de Norteamérica se nota un repunte en las transacciones de finca raíz. En otras latitudes, por su parte, hay percepciones similares, como lo muestran los mercados de valores europeos, en donde también han subido las acciones.
Sin embargo, es un error pensar en que viene la recuperación. Eso, por lo menos, es lo que afirma el Fondo Monetario Internacional, que la semana próxima celebrará en Washington sus tradicionales reuniones de primavera, con la presencia de delegados de 185 países. De acuerdo con un estudio de la entidad, la presente recesión no solo va a ser larga y profunda, sino que el retorno a la senda del crecimiento parecería ser particularmente demorado.
Para llegar a esa conclusión, los técnicos del organismo multilateral analizaron lo sucedido en 21 economías desarrolladas, a lo largo del pasado medio siglo y encontraron 122 episodios de recesión. De este total, 15 estuvieron asociadas con crisis financieras, pero las peores fueron las que coincidieron con episodios de desaceleración mundial. Esa especie de "tormenta perfecta", en la que confluyen varios factores negativos al tiempo, está teniendo lugar actualmente. Según el FMI, tres cuartas partes de las naciones analizadas ya tienen cifras en rojo, con lo cual es previsible que el regreso a la normalidad tome fácilmente un par de años.
¿Qué se puede hacer en medio del huracán? El Fondo insiste en que políticas monetarias y fiscales agresivas pueden mitigar la situación, aunque sin dejar salir de madre la sostenibilidad de la deuda pública. Sin embargo, eso seguramente no impedirá que el desempleo siga aumentando y que los consumidores mantengan una actitud cautelosa en los meses por venir.
En medio de semejante escenario, la suerte de las economías emergentes no parece ser la mejor. Aparte de unos pocos casos individuales de naciones con números positivos, es claro que los países de menores ingresos están siendo golpeados por la rápida declinación en sus exportaciones y por una parálisis en las entradas de capital. En el primer grupo están las naciones del sudeste asiático, mientras que en el segundo se encuentran las de Europa Oriental, que han tenido que acudir en masa a las instituciones multilaterales de crédito.
Por su parte, América Latina parece estar en un grupo intermedio, gracias a que, en general, su sector financiero salió indemne de la debacle vivida en otras latitudes. Pero la descolgada en los precios de materias primas como el petróleo, el cobre o la soya, sin duda va a tener un costo, un hecho que llevó al Banco Mundial a pronosticar que el Producto Interno regional caerá 0,6 por ciento en el 2009.
Ante semejantes consideraciones, Colombia debería tomar nota. La razón es que si la recuperación mundial se demora y los flujos de recursos externos van a ser sustancialmente menores, es necesario buscar otras fuentes de crecimiento. Aunque está bien cortejar la inversión foránea, no estaría de más prepararse para un escenario en que esta disminuya sensiblemente por razones que tienen que ver más con la situación mundial, que con la del país de la seguridad democrática.
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