La fuerte caída de 11,7 por ciento en las importaciones registrada en el primer bimestre del 2009, es una comprobación más sobre la desaceleración de la economía colombiana en lo que va del año. Y es que el cambio de signo es notorio. Mientras que en febrero del 2008 las compras externas subieron 33,1 por ciento, 12 meses después la reducción fue de 17,9 por ciento.
Lo ocurrido, sin duda alguna, está relacionado con la menor demanda. Por ejemplo, fue evidente la contracción en el ramo de vehículos, con una disminución de 33,6 por ciento. También se redujo la factura de los productos químicos orgánicos en 45,2 por ciento, mientras que la de los cereales descendió 50,2 por ciento, aunque en este par de casos tuvo mucho que ver el cambio en las cotizaciones de las materias primas.
En contraste, esa situación generó un alza llamativa en las importaciones de productos de hierro y acero, que saltaron 87,2 por ciento, mientras que las de prendas de vestir aumentaron 12,4 por ciento.
Para los conocedores, la mayor tasa de cambio también tuvo que ver en la evolución anotada. Es evidente que en un escenario de menor dinámica, hay poca tolerancia para asumir mayores alzas por cuenta del precio del dólar. No obstante, es difícil saber si en un escenario de abundante oferta global, habrá rebajas en algunos bienes manufacturados.
En un escenario más amplio, la inquietud tiene que ver con el signo de la balanza comercial. La razón es que si las compras del país están disminuyendo, las ventas también. Dependiendo del saldo que se tenga al final del año, también dependerá la solidez de la propia economía colombiana.
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