La noticia proveniente de Rio de Janeiro, según la cual los presidentes de Brasil, Luis Inácio 'Lula' da Silva, y de Colombia, Álvaro Uribe, analizaron la posibilidad de sustituir el dólar por el real y el peso en los intercambios comerciales de ambos países, tiene tanto de largo como de ancho. Si bien la idea no está desprovista de lógica, tiene claros problemas a la hora de ser puesta en práctica.
Para los defensores de la iniciativa, se trata de cuidar las divisas en momentos de escasa liquidez en los mercados internacionales.
Desde ese punto de vista, nada resulta más apropiado que hacer el intercambio en monedas locales. Algo similar, de hecho, ya opera entre Brasil y Argentina y está siendo evaluado en el caso de Uruguay. Por su parte, los conocedores de la historia recuerdan que en los tiempos de la ya desaparecida Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc), existían mecanismos de compensación entre bancos centrales, para suplir la falta de dólares.
Pero tal como ocurrió en el pasado, cuando la iniciativa fue abandonada debido a dificultades operativas, el peligro es que en esta ocasión ocurra algo similar. Quizás el mayor desafío es lograr el concurso del sector financiero que tendría que adaptar sus líneas de crédito de comercio exterior, que normalmente siguen parámetros generales, a circunstancias particulares. Tampoco es claro el procedimiento específico para repatriar dineros o para cubrimientos frente a eventuales variaciones en las tasas de cambio.
Quizás la inquietud mayor es que la menor dinámica en el comercio entre Colombia y Brasil, que pasó de 226 a 166 millones de dólares entre enero de 2008 y enero de 2009, tiene que ver con la baja demanda, no con la falta de dólares. Y que buscar que el comercio binacional se haga en monedas locales es atacar el problema equivocado.
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