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Nueva oportunidad

Publicado el 16-04-09

A partir de mañana comenzarán a llegar a Puerto España, en la isla caribeña de Trinidad, los 34 jefes de Estado y de Gobierno de las democracias del hemisferio. El motivo no es otro que la celebración de la quinta Cumbre de las Américas, un proceso que comenzó a finales de 1994 en Miami y que fue seguido por encuentros en Santiago de Chile, Québec (Canadá) y Mar del Plata (Argentina). Fue esta última cita la que estuvo marcada por multitudinarias manifestaciones de protesta en las calles del balneario y por una profunda división entre las diferentes delegaciones. Debido a la polarización reinante, algunos pusieron en duda que fuera posible volver a sentar alrededor de la misma mesa a gobiernos tan dispares como los de Estados Unidos y Venezuela, para solo citar un par de casos.

Sin embargo, la llegada de un nuevo inquilino a la Casa Blanca, claramente popular a lo largo y ancho del Continente, ha permitido que se abra un nuevo compás de expectativa en torno al nombre de Barack Obama. A pesar de que las diferencias entre Washington y capitales como Caracas, Quito, La Paz y Managua son evidentes, también hay un moderado optimismo en torno a que será posible encontrar un lenguaje común, más allá de los desacuerdos en ciertos temas. De tal manera el desafío es encontrar propósitos que permitan que la cooperación esté por encima de la confrontación.

Ese objetivo, sin embargo, no será fácil. Para comenzar, muchos tienen en la cabeza el fracaso del Área de Libre Comercio de las Américas propuesta por Bill Clinton hace década y media, que acabó naufragando por la falta de consenso. Otros citan la falta de operatividad de la Carta Democrática Interamericana aprobada a comienzos de esta década, cuyos mecanismos se quedaron en el papel ante la falta de voluntad de ponerlos en práctica. Tampoco resulta muy alentador que el título del borrador de declaración de Trinidad y Tobago sea el de "Asegurar el futuro de nuestros ciudadanos promoviendo la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental". Si bien nadie puede estar en contra de dichos propósitos, todo suena a los mismos lugares comunes, tantas veces enunciados en los más variados encuentros de este tipo.

No obstante, también hay que reconocer 'que el palo no está para cucharas'. Aparte de las diferencias políticas conocidas, el hemisferio ha sentido con fuerza el coletazo de la crisis económica global. De acuerdo con las más recientes proyecciones del Banco Mundial, tanto Norte, como Centro y Sur América podrían sufrir una contracción importante en el 2009, dando marcha atrás después de los progresos del último lustro. En el caso concreto de Latinoamérica y el Caribe hay cierta rabia, pues los problemas actuales no comenzaron en la región, que acabó siendo víctima de las circunstancias, a pesar de haberse comportado bien desde hace unos años.

Por tal motivo, así los convidados sean tantos, es claro que de la habilidad de Estados Unidos para reconocer su responsabilidad en lo sucedido y hacer propuestas constructivas, dependerá el éxito de la Cumbre. En ese sentido, resultaría bien importante el mensaje de que no habrá medidas proteccionistas que afecten los ya menguados flujos comerciales. También es fundamental que se reitere, ojalá con mayor decisión que en la reciente Asamblea del BID en Medellín, que habrá recursos para aumentar el capital de las entidades multilaterales de crédito. Algunos quisieran ver, por su parte, gestos menos agresivos con respecto a los inmigrantes, así como un cambio en algunas de las políticas tradicionales de Washington.

Bajo esa óptica, es evidente que el relajamiento de las medidas relativas a Cuba, adoptado por Obama a comienzos de la semana, ha sido bienvenido. La razón es que el bloqueo ensayado por casi medio siglo no ha traído resultados y ha servido para consolidar el poder del régimen comunista de la isla. Y si bien las restricciones comerciales se mantienen, lo hecho puede ser el anticipo de cambios más profundos. Falta ver, por su puesto, si la mayor flexibilidad en ese frente se extiende a otros temas y a otras naciones, y si la Cumbre de Trinidad resulta ser la ocasión ideal para relanzar, de una vez por todas, las relaciones hemisféricas. 

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