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Buenas y malas

 Revelador, por decir lo menos, resultó el informe remitido por la junta directiva del Banco de la República al Congreso, a mediados de esta semana. Y es que aparte de incluir un concienzudo análisis sobre la crisis global y sobre la suerte de la economía colombiana en el 2008, el escrito incluye las proyecciones más recientes sobre la posible marcha de las cosas en el presente año.
Ese no es un ejercicio sencillo, como lo prueban las constantes revisiones que a sus cifras han tenido que hacer el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, las cuales cada vez son más pesimistas en respuesta a una realidad en continuo deterioro que se siente en todas las latitudes. En el plano local, tanto el Ministerio de Hacienda como Planeación Nacional tuvieron también que emitir nuevos pronósticos hace unos días, debido al pobre arranque de la producción en el primer bimestre.

Sin embargo, debido a la calidad de los modelos usados y a la de su grupo de profesionales, los cálculos del Emisor cuentan con una alta credibilidad. Por este motivo, resulta reconfortante que la entidad mantenga su creencia sobre un crecimiento positivo en la economía en el 2009, a pesar de creer que es necesario disminuir el rango del que habló hace unas semanas, de entre uno y tres por ciento. También es llamativo que el banco considera que la inflación seguirá su senda descendente, más allá de que el Gobierno haya preferido mantener artificialmente altos los precios de la gasolina, una decisión que ha resultado particularmente polémica y que ayer fue censurada por la Contraloría General.

Incluso el impacto de la mayor tasa de cambio sobre la carestía se ve como manejable, pues la evidencia sugiere que en épocas de desaceleración los consumidores acaban recibiendo un impacto limitado del mayor valor del dólar.

No obstante, en otros terrenos el deterioro va a ser sensible. Así va a ocurrir en el caso del comercio exterior en el cual el país pasaría de tener una balanza comercial con saldo positivo de 990 millones de dólares en el 2008 a una con un rojo de 2.142 millones este año. Debido a ello, el déficit en la cuenta corriente, que incluye el intercambio de bienes y servicios, llegaría al nivel sin precedentes de 7.715 millones de dólares, una cifra equivalente al 3,6 por ciento del Producto Interno Bruto. Si bien dicha proporción es menor que la alcanzada durante la recesión de la década de los noventa, es un campanazo de alerta dada la estrechez creciente de recursos para el Tercer Mundo en los mercados financieros internacionales.

La causa principal de ese empeoramiento está directamente atada a una reducción prevista del 25 por ciento en las exportaciones colombianas, un cálculo que supera de lejos el hecho por el Ministerio de Comercio Exterior. En números concretos, el Banco de la República espera una disminución de unos 9.000 millones de dólares en las ventas externas, debido sobre todo a la baja en las cotizaciones de materias primas como petróleo, carbón y ferroníquel y a los menores pedidos para los bienes manufacturados en mercados como el estadounidense.

Dicha contracción no tiene nada de raro a la luz de lo que sucede en el planeta. Una mirada a los hechos revela que las economías más golpeadas son las exportadoras, particularmente las de Asia.

En la medida en que el apetito de los consumidores por vehículos, electrodomésticos y productos de alto valor se ha reducido; naciones como Corea del Sur y Japón han resultado damnificadas e incluso China ha visto el retroceso de sus ventas en áreas que parecían inexpugnables.

Por esa razón, es necesario mantener la calma si las exportaciones colombianas llegan a ser inferiores a los 28.000 millones de dólares. Una de las razones es que las importaciones también van a caer, aunque en una proporción de 17 por ciento de acuerdo con el Emisor. Para financiar el faltante es necesario mantener abiertos los canales de crédito, con contrataciones que se ven aseguradas, lograr que la inversión extranjera se mantenga a la mitad del ritmo del año pasado y confiar en que la caída en las remesas no será superior al 15 por ciento. Solo así sería posible arribar al 2010 sin mayores sobresaltos, aunque con la esperanza de que dentro de 12 meses la situación haya empezado a mejorar.

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