La visita que realiza a partir de mañana a Washington, el presidente de Brasil, Luis Inácio 'Lula' da Silva, tiene un carácter especialmente significativo. Por una parte, el mandatario suramericano será el primero de la región en ser recibido por Barack Obama en la Casa Blanca, lo cual deja en claro que Colombia ya no es el aliado favorito del Coloso del Norte. Por otra, como representante de la economía más grande del área y fiel a su talante socialista, 'Lula' llevará consigo un mensaje de preocupación sobre los efectos que puede tener la crisis internacional en una zona del mundo que venía creciendo bien, hasta finales del 2008. Pero sobre todo, el inquilino del Palacio de Panalto tiene sobre sus hombros la responsabilidad de reclamar más atención al llamado 'patio trasero' de Estados Unidos, relegado a un segundo plano debido a urgencias en otras latitudes.
La primera comprobación del éxito de tales gestiones tendrá lugar a mediados de abril próximo, cuando se celebre en Trinidad y Tobaco una nueva Cumbre de las Américas, que congregará a 34 presidentes y primeros ministros del Hemisferio. En esa ocasión será posible constatar si el cambio anunciado va a ser más real que retórico, dependiendo de los compromisos que se asuman y los mensajes que se envíen.
Bajo dicha perspectiva, es muy útil un trabajo hecho por el Diálogo Interamericano, la organización no gubernamental más influyente en materia de asuntos regionales en la capital norteamericana, que esta semana dio a conocer 10 propuestas para estrechar los lazos en el continente. Tales recomendaciones, parten de una realidad innegable y es que el nombre de Barack Obama no sólo es bien recibido en América Latina, sino que es sinónimo de esperanza, después de los errores cometidos por George W. Bush.
En consecuencia, el primer mensaje que debería salir de Washington es que no sólo está haciendo lo posible para sacar adelante a su economía, sino para mitigar el daño que la contracción en la producción estadounidense puede tener sobre la región. Además de rechazar cualquier intento de proteccionismo, no estaría de más darle un espaldarazo al sistema multilateral de instituciones que tienen a su cargo mantener abiertos los canales del crédito. En ese sentido, la Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo que tendrá lugar en Medellín en un par de semanas es un escenario ideal si, como se espera, el secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, se hace presente en la capital antioqueña y respalda la propuesta de aumentar el capital del BID.
No menos importante, es la necesidad de enviar señales más contundentes en materia comercial. Aunque alguien dirá que en plena debacle económica, el tema es intocable, sería mejor si, aparte de apoyar la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Panamá en el Congreso estadounidense, se aclaran las condiciones para ratificar el de Colombia y se le hacen propuestas a naciones, como Bolivia, Uruguay y el propio Brasil.
También la política cuenta, y mucho. Por ejemplo, el bloqueo a Cuba es un anacronismo cada vez más absurdo que, irónicamente, le sirve al régimen de la isla para mantenerse en el poder. En otro frente, el consejo es aumentar la cooperación con México, cuyos desafíos en materia económica y de seguridad no han hecho más que crecer en los últimos tiempos. Dicho país, junto a los demás de América Latina, han visto cómo el alza de los índices de criminalidad ha menoscabado a los gobiernos democráticos, con lo cual hay un espacio enorme para realizar acciones conjuntas entre el norte y el sur. Así mismo, Obama y su gente deben tratar de disminuir las tensiones que existen con gobiernos como los de Caracas, Quito y La Paz, al tiempo que le prestan atención especial a Haití, atrapado todavía en la garras de la miseria.
En fin, la agenda es larga y no ha hecho más que ganar puntos pendientes en los últimos años. Por tal razón, entidades como el Diálogo Interamericano ven un buen número de oportunidades, junto a los problemas que se acumulan. Solo queda esperar que 'Lula' da Silva empiece por recordarle a su homólogo en Washington que, a pesar de los líos que tiene por resolver en el frente interno, no estaría de más que piense mucho en sus vecinos, de América Central hacia abajo.
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