Durante los meses recientes, ha sido recurrente la crítica, tanto al Gobierno como a la clase política porque, en medio de la grave coyuntura económica mundial, cuyas consecuencias ya se palpan en Colombia, ni el Ejecutivo ni el Legislativo parecían entender cuál debía ser la prioridad de la agenda. Apuntaban los cuestionamientos al hecho de que, desde las más altas instancias de la administración, el Capitolio y los partidos, lo mismo entre uribistas que entre opositores, todas las preocupaciones estuviesen dirigidas a temas como el proyecto de referendo para decidir si el Presidente de la República puede o no aspirar a un tercer mandato, o las consultas internas de las colectividades y demás temas de mecánica política, preliminares a la campaña para las elecciones de 2010. Justo es decir, sin embargo, que en los últimos días parece asomar una creciente inquietud por el estado del sector productivo y por cuánto se pueda afectar por efecto de la crisis global. En la más reciente, más no la única, de las decisiones adoptadas, el presidente Álvaro Uribe y su equipo lanzaron un plan de salvamento para incentivar las ventas de vehículos y de electrodomésticos. El programa incluye disponer de 500.000 millones de pesos de los fondos de Bancóldex, para que la banca los coloque a plazos de hasta cinco años, en créditos para compra de esos bienes. Más allá de las bondades del plan, vale la pena destacar que la administración se haya puesto a tono con el esfuerzo de lanzar programas de estímulo para paliar los síntomas recesivos. No cuenta la Nación con recursos para ir más lejos, y su margen fiscal es más bien estrecho, pero aún así, resulta imperioso enviar agresivas señales de que las autoridades no se van a quedar quietas mientras caen la producción industrial y el comercio y se dispara el desempleo. Por el lado del Congreso, hay que registrar que, en vísperas del inicio del período de sesiones del primer semestre, el presidente del Senado, Hernán Andrade, haya convocado a un foro que tendrá como escenario el Capitolio, cuyo propósito es analizar las consecuencias para Colombia de la crisis económica mundial. Para ello han sido invitados, entre otros, el ex jefe del gobierno español José María Aznar, el ex presidente César Gaviria y varios expertos nacionales y extranjeros. Más allá de las luces que los expositores puedan aportar en momentos en que algunos de los mayores especialistas y analistas parecen quedarse sin ideas, lo importante es que la realización del evento indica que el Parlamento está dispuesto a asumir una actitud diferente a la del período pasado, cuando la difícil realidad global pareció importarles muy poco o casi nada a los legisladores. En últimas, se trata de que todo el liderazgo político, que lleva mucho tiempo inmerso en repetitivas discusiones sobre la reelección presidencial y la política de Seguridad Democrática, comprenda que los asuntos económicos y sus graves consecuencias sociales, deben estar hoy en el primer lugar de la agenda. Los colombianos parecen haberlo entendido hace rato, a juzgar por los resultados de la más reciente entrega de la encuesta Gallup, en la que temas como el desempleo y la debilidad de la economía están hoy en el primer lugar del listado de preocupaciones de los sondeados, muy por encima de los asuntos relacionados con la seguridad, la guerrilla y el orden público, que han mejorado y, por ello mismo, inquietan menos. Ojalá los aspirantes presidenciales, cuya nómina crece semana tras semana tanto en el bando uribista como en el opositor, comprendan también que los electores quieren escuchar sus planteamientos en los campos económico y social y que, a medida que los efectos de la crisis mundial golpeen más a Colombia, como parece previsible que ocurra, la gente va a querer conocer más y más propuestas concretas para superar la mala hora del sector productivo. Tal y como luce el panorama de la campaña electoral que arranca, puede decirse que, nunca como ahora, la política debería girar en torno a la economía. Así parece haberlo entendido por fin el Gobierno, y así también el liderazgo del Congreso. Es deseable que quienes aspiran a ocupar la Casa de Nariño del 2010 en adelante, hagan lo propio.
PUBLICIDAD