Dos bajas sensibles, aunque por causas distintas, ha tenido el Congreso de Colombia en los últimos días. La primera fue la muerte de Víctor Renán Barco López, quien no solo era el decano del Senado, sino la persona que más conocía del tema tributario en el legislativo. Curiosa mezcla de manzanillo y académico, el político liberal fue durante cuatro décadas la némesis de sucesivos ministros de Hacienda, a la vez que un invaluable colaborador a la hora de buscar soluciones en materia fiscal. Esa seriedad que exhibió cuando hablaba de macroeconomía no le impidió comportarse como el más puro barón electoral en su departamento, en donde fue socio de una tenaza bipartidista que controló el poder en Caldas a lo largo de varios lustros, dejando una importante estela de escándalos.
En cambio, el caso de Gina Parody tuvo que ver una ejemplar sindéresis política. Perteneciente al Partido de la U, la joven abogada consideró que su oposición a una segunda reelección del actual Presidente de la República y a algunas actitudes del Gobierno, hacían imposible su permanencia en la colectividad y, por ende, en el Capitolio. Lástima, porque se trata de una dirigente competente y trabajadora que muchos servicios le prestó a Álvaro Uribe, justamente por el sello de independencia que siempre marcó sus actitudes y votos. Además, no hay sino que ver los preocupantes antecedentes de quien será su reemplazo, para darse cuenta de que el vacío dejado será todavía mayor.
En respuesta, no faltará quien diga que con la llegada de un congresista más alineado que Gina Parody con las decisiones de la bancada oficialista, el Gobierno no pierde, sino que incluso gana. Si embargo, esa es una visión simplista y, por ello mismo, equivocada. Más que un asunto de cantidad, se trata de un tema de calidad, en una institución fundamental para el buen funcionamiento de la democracia.
Y ese no es el único golpe que recibe el uribismo. La declaración directa del jefe de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, en el sentido de que no piensa apoyar un nuevo mandato del actual inquilino de la Casa de Nariño, no por previsible deja de producirle un fuerte sacudón a las mayorías oficialistas. A esa rebelión, el Ejecutivo ha respondido con la salida de funcionarios apadrinados por el partido del senador bogotano. Sin embargo, la barrida no se extiende a todos los 'radicales' en el Gobierno. La verdad es que apunta al retiro de los directos protegidos de Vargas o de aquellos representantes a la Cámara de su partido que no votaron el referendo reeleccionista en diciembre, con lo cual queda en claro que la época de la sutileza frente al tema quedó en el pasado.
Pero más allá de cómo termine el pulso mencionado, el hecho es que el uribismo va a sumar varias deserciones en su bancada en el Congreso y que eso puede comprometer las cómodas mayorías de que hasta ahora ha gozado en ambas cámaras. Todo ello en un año impredecible, en el que la crisis económica mundial y sus eventuales coletazos en Colombia, pueden requerir que el Gobierno tenga que acudir de urgencia al parlamento en busca de reformas a la legislación tributaria, financiera o presupuestal para afrontar situaciones difíciles. Así lo dejó en claro ayer el Ministro de Hacienda al predecir un faltante de 5,1 billones de pesos en las finanzas públicas. Varios analistas coinciden en que, aunque todavía no resulta evidente qué tipo de propuestas sea necesario adoptar, lo que si está claro es que algo habrá que hacer, para lo cual el aporte de Víctor Renán Barco habría sido muy valioso. Con ese panorama, un debilitamiento de las mayorías con que cuenta la administración en el legislativo puede aumentar la incertidumbre, que ya es grande.
A esto hay que agregar que se aproxima un cambio de gabinete, pues un número importante de ministros aspiran a salir elegidos para el Congreso o incluso para la Presidencia, en el 2010, y eso los obliga a abandonar sus cargos un año antes de someter sus nombres a la elección, para no quedar inhabilitados. De la forma como el Presidente ajuste su equipo, y de lo contentos o descontentos que queden sus aliados con esos cambios, depende también el apoyo legislativo en un 2009 crítico en el que la indeseable incertidumbre política agrega desde ya ingredientes a los temores crecientes en el campo económico.
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