Hasta hace apenas pocos meses, tener un jet privado era el símbolo máximo del estatus y la prueba insuperable del éxito. Pero por cuenta de la crisis mundial, el sector de la aviación ejecutiva sufrió un verdadero 'barrigazo'. Y es que de la noche a la mañana lo que antes era envidiable se convirtió en un signo de extravagante derroche, imposible de defender.
El primer campanazo sonó a finales del año, cuando los presidentes de las firmas General Motors, Ford y Chrysler, viajaron de Detroit a Washington en sus respectivas aeronaves, a pedir un millonario paquete de ayuda. Más de un comentarista afirmó que no había ninguna justificación para entregarle dinero público a empresas que no daban muestras de austeridad. Y aunque a los pocos días los mismos ejecutivos hicieron el largo trayecto por tierra, el daño ya estaba hecho.
No solo el viajar en avión de línea está de regreso, sino que multinacionales tan conocidas como Citigroup, AT&T y Time Warner, pusieron en venta su flota, además de las ensambladoras mencionadas. Como consecuencia, el número de jet ejecutivos usados, disponibles para la venta, creció 62 por ciento en noviembre, de acuerdo con el banco UBS. Por otro lado, hay quienes sostienen que la venta de aparatos nuevos podría caer 80 por ciento este año, después de que las listas de espera eran la norma en este segmento.
La razón, por supuesto, es económica. Un avión nuevo puede valer entre 10 y 50 millones de dólares y la hora de vuelo supera en general los 2.000 dólares, sin contar los costos que representan hangares y pilotos. Antes el argumento de los ejecutivos era que su tiempo es demasiado valioso para perderlo en filas y aeropuertos. Pero con miles de negocios mostrando saldos en rojo, llegó la hora de apretarse el cinturón y demostrar que la austeridad empieza por casa.
PUBLICIDAD