Con el paso del primer puente festivo del 2009, comienza ahora sí en forma la actividad en un país que se aletarga durante la temporada navideña. Si bien para muchos será difícil volver a tomar el ritmo en forma inmediata, no está de más desear que eso sea así. Sin desconocer el legítimo derecho de los colombianos a un merecido descanso, es evidente que los problemas del 2008 siguen ahí y que los pendientes no se fueron de vacaciones.
Y es que en la medida en que pasan los días, siguen acumulándose las nubes de tormenta sobre la economía. En el frente internacional, cada vez es más evidente que la profundidad de la caída ha rebasado los cálculos de los observadores y que el deterioro es más rápido de lo que se esperaba. Un ejemplo fue el dato de desempleo en Estados Unidos correspondiente a diciembre, según el cual la tasa de desocupación llegó a 7,2 por ciento. Así las cosas, 2,6 millones de habitantes de ese país perdieron sus puestos de trabajo en el año que acaba de terminar.
Aunque a primera vista semejante deterioro es un tema interno de los norteamericanos, es equivocado pensar que Colombia puede salir indemne si la economía más grande del mundo se contrae.
Una menor demanda en esa nación se traduce en precios más bajos de las materias primas y en un mercado más difícil para nuestras exportaciones. Como si eso fuera poco, una situación similar se vive en Europa o Japón, para no hablar de Venezuela o Ecuador, cuyas posibilidades de sobrevivir van de la mano de un elevado precio del petróleo. Más allá de que el nuevo nivel de la tasa de cambio les haya dado un respiro a los exportadores, es indudable que las ventas van a caer con fuerza porque no hay motor que las impulse.
En el frente interno, las cosas no están mucho mejor. Las más recientes encuestas muestran que tanto consumidores como empresarios ven la situación con un prisma muy oscuro y que las expectativas son las peores en años. Como resultado, es previsible que la demanda interna siga de capa caída, pues no hay elementos que infundan esperanza, fuera de los anuncios oficiales de que la situación está controlada.
Incluso en el tema inflacionario, en donde podría haberse dado un alivio importante si los precios de la gasolina se hubieran aproximado al nivel internacional, el Gobierno prefirió un esquema que le permite acopiar recursos y mejorar sus cifras fiscales a expensas del público, sin tener que ajustarse tanto el cinturón.
Tampoco es claro qué se piensa hacer en el tema alimentario, después de que los precios de la comida subieran por encima del 13 por ciento el año pasado.
Mientras en buena parte de América Latina diversos gobiernos han presentado planes de choque para enfrentar la crisis, la respuesta colombiana ha sido tímida. La única promesa es la de acelerar la ejecución del plan de inversiones públicas en el 2009, con el fin de concentrarlo en el actual trimestre. Pero buena parte de esa responsabilidad recae en el Ministerio de Transporte, cuyo desempeño ha sido pobre a la hora de mostrar realizaciones, aparte de la situación del Director del Invías, censurado por la Procuraduría.
En medio de esa coyuntura, pareciera que las apuestas de un buen desempeño económico se siguen concentrando en la que sigue siendo una de las piedras angulares de la política de Álvaro Uribe: la confianza inversionista. El problema es que sin desconocer que en los años pasados tal estrategia trajo réditos importantes, no estaría de más que en la Casa de Nariño se acepte que el mundo cambió y que lo que funcionó hasta hace poco, puede dejar de dar resultados ahora.
Para nadie es un misterio que las multinacionales y los empresarios locales levantaron el pie del acelerador hasta tanto pase el bache. Eso no tiene que ver con el ofrecimiento de gabelas o el buen trato a los inversionistas, sino con el crecimiento previsto en los mercados. En consecuencia, así como los estudiantes vuelven a clases y tareas, no estaría de más que el Gobierno se le meta en el ruedo a la crisis, empiece a capotearla de verdad y agarre el toro por los cuernos, así tenga la reelección en el camino.
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