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Motivos de inquietud

La publicación que hizo hace unos días el Banco de la República de los datos de la balanza de pagos de Colombia, con corte al 30 de septiembre pasado, merece una mirada. El motivo es que debido a la profundización de la crisis mundial, el frente externo debe ser seguido con especial atención. Para nadie es un misterio que el proceso de internacionalización de la economía nacional se ha acentuado en los últimos años lo cual tiene mucho de bueno, pero hace también más vulnerable el país a los choques venidos de afuera.

Como si lo anterior fuera poco, desde hace un tiempo los expertos han hecho sonar las alarmas por el saldo en rojo que muestra la balanza en cuenta corriente, que mide el intercambio de bienes y servicios con el resto del planeta. En contraste con la situación de buena parte de las economías latinoamericanas, que acumularon cuantiosos superávit durante el reciente auge en los precios de las materias primas, en el caso local el resultado fue deficitario.

Incluso algunos llegaron a ver cierta similitud con las condiciones que precedieron a la recesión de 1999, cuando la economía colombiana registró su primera caída en décadas.

Así las cosas, el informe del Emisor genera algo de tranquilidad, pero también confirma varios motivos de inquietud. Por ejemplo, es claro que el país tuvo un respiro importante en el 2008, gracias al aumento de las exportaciones, generado sobre todo por los mayores valores del petróleo y de otras materias primas. De tal manera, aunque las importaciones subieron 24,7 por ciento hasta septiembre pasado, las exportaciones tuvieron un alza de 39,5 por ciento. Como resultado, el saldo en la balanza comercial pasó de un negativo de 1.057 millones de dólares en los primeros nueve meses del 2007, a un positivo de 1.734 millones en igual periodo del año pasado.

El problema es que buena parte de esa mejoría acabó diluyéndose por cuenta de un incremento del 44,7 por ciento en los egresos por utilidades y dividendos que hacen las firmas de capital extranjero que operan en el territorio nacional. En plata blanca, dichas salidas pasaron de 4.580 a 6.628 millones de dólares en el lapso mencionado. Ello explica porqué la reducción en el déficit en cuenta corriente fue relativamente moderada, hasta 4.175 millones de dólares (12,7 por ciento). Todo esto a pesar de que las remesas de los emigrantes siguieron al alza y alcanzaron los 3.653 millones de dólares, justo cuando en otras naciones latinoamericanas empiezan a acusar el golpe por cuenta de la recesión en Estados Unidos y España.

En respuesta, el Gobierno ha dicho que no hay motivos de inquietud, en la medida en que la cuenta financiera y de capitales siga evolucionando positivamente. Bajo esa óptica, es una buena noticia la colocación ayer de mil millones de dólares en bonos públicos, con lo cual quedaron asegurados plenamente los recursos provenientes de endeudamiento externo que se necesitan en el 2009. Sin embargo, no hay duda de que el factor clave en el año que comienza será el comportamiento de la inversión extranjera que en septiembre llegó a 8.043 millones de dólares, 21 por ciento más que en el 2007. Dicho de otra manera, para que las cuentas cuadren en estos meses se necesita que el capital foráneo siga llegando al país.

El lío es que eso va a ser difícil, sobre todo debido a la realidad mundial. Una mirada a las crisis previas demuestra que cuando el capitalismo tiene problemas, prefiere mantener su dinero alejado de las economías emergentes. Además, la descolgada en los precios de las materias primas ha sido de tal magnitud, que muchas multinacionales han optado por archivar planes de expansión. Eso puede afectar el desarrollo de los proyectos mineros y petroleros en el país, hacia donde se han dirigido dos de cada tres dólares recibidos para inversiones directas. Y aunque la sequía no será total, es indudable que el caudal se verá disminuido, con lo cual no estaría de más que en el Ministerio de Hacienda el tema vuelva a estar en los primeros lugares, de la que ya es una larga lista de preocupaciones.

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