Suena como un juego de palabras, pero las tarjetas que por estos días han recibido los integrantes del equipo económico, en las que se reiteran los deseos de prosperidad para el futuro, tienen un significado especial. La razón es que la llegada del nuevo año viene acompañada de grandes interrogantes para la economía colombiana. Quien lo dude no tiene más que remitirse a la rueda de prensa dada por el Ministro de Hacienda y la Directora de Planeación el lunes, cuando la meta de crecimiento para el 2008 fue reducida a 3,5 y la del 2009 a 3 por ciento.
Tales cifras contrastan con las proyectadas hace apenas unos meses y son, en todo caso, consideradas como optimistas. No hay que olvidar que el pronóstico de la Cepal para el año que viene es de 2 por ciento y el del banco Morgan Stanley, de 1,5 por ciento.
Bajo dicho escenario, el país se enfrenta a la encrucijada más compleja de la década, por lo menos en el tema económico. Es cierto que los nubarrones no pueden ser atribuidos a errores internos, pues buena parte de las inquietudes provienen de afuera.
Los analistas coinciden en que la recesión en las naciones ricas constituye la crisis más seria que ha enfrentado el capitalismo en los últimos tres cuartos de siglo.
Según el Fondo Monetario Internacional, la debacle es de tal magnitud que, por lo menos durante el próximo semestre, tanto Estados Unidos como Japón y los integrantes de la zona euro experimentarán retrocesos en su producción. El aumento en las tasas de desempleo y la caída del sector manufacturero demuestran que el presente dejó de ser un problema concentrado en el ramo de la finca raíz o en la actividad financiera. Ello explica los millonarios paquetes aprobados por los respectivos gobiernos que, a pesar de haber logrado evitar la quiebra de los bancos más grandes, no han logrado devolverles la confianza a los consumidores, ni al sector privado.
Así las cosas, el interrogante entre los especialistas es qué puede hacer Colombia para hacer menos grave la situación. En respuesta, hay quienes dicen que el paso inicial es identificar las áreas que requieren atención, siendo estas las crisis anunciadas en Venezuela y Ecuador, al igual que la situación fiscal interna.
En el primero de los casos, es indudable que con la descolgada en los precios del petróleo ambas naciones están en mora de realizar un fuerte ajuste, que ha sido pospuesto por razones políticas.
Como es conocido, Hugo Chávez aspira a que un referendo, que tendría lugar en febrero, apruebe la reelección ilimitada, mientras que Rafael Correa es candidato a las elecciones del próximo abril. Sin entrar a discutir la validez de esas aspiraciones, los dos gobiernos tratarán de mantener sus programas de gasto, así eso les implique un apretón una vez tengan lugar los comicios. Pero más allá de la falsa sensación de normalidad, la destorcida es segura y las exportaciones colombianas se verán resentidas, sin que existan muchas opciones para reemplazar lo que se pierda en dichos mercados.
Por otro lado, está el tema de las cuentas públicas. Tal como ya lo anuncia la baja cercana al medio billón de pesos en los recaudos de impuestos este año, los ingresos del fisco serán inferiores a lo presupuestado en el 2009. Ante tal escenario, el Ministro de Hacienda ha dicho que el objetivo es mantener las metas fiscales, lo cual implicaría recortes equivalentes, aunque todavía es muy temprano saber en qué programas y por cuánto. Dicho lo anterior, el Gobierno aspira a que las obras de infraestructura planeadas se ejecuten bien y rápido, para así impulsar la demanda interna. Eso, en otras palabras, implica que al tiempo que habrá que recortar el gasto público, es necesario asegurar que lo que sea ha ejecutado, se haga bien.
Mantener la casa en orden en medio de la tormenta será, entonces, la prioridad del equipo económico. El reto no es fácil, por lo cual la señal de posponer gastos por 3 billones de pesos en el 2009 es encomiable. Se trata no solo de garantizar la conocida 'confianza inversionista', sino asegurar que cuando las condiciones cambien y empiece el ciclo de crecimiento, regrese también la prosperidad anhelada.
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