Ese dicho que afirma que 'obras son amores y no buenas razones' debería estar dentro de los preceptos de la Organización de Países Productores y Exportadores de Petróleo. Y es que al que, en teoría, es el cartel más poderoso del mundo, le ocurre que tan pronto anuncia un recorte en su producción, el mercado reacciona con bajas de precios por cuenta de una razón fundamental: nadie le cree.
El motivo es que dentro de los miembros del club hay más de uno que tiene fama de romper las reglas. Desde Nigeria hasta Irán, pasando por Venezuela o Rusia, todos tienden a producir por encima de la cuota que se les asigna, sobre todo cuando los precios van a la baja, como ha sido el caso en las épocas recientes.
Como resultado, el precio del barril de crudo está apenas por encima de los cuarenta dólares, una fracción de los 145 que alcanzó a comienzos de julio. Incluso a pesar de que hay consenso en el sentido de que las cotizaciones deberían tender al alza, la caída en la demanda ha sido de tal magnitud que los inventarios en poder de los países consumidores son más grandes que en el pasado. De acuerdo con los cálculos más recientes, la demanda de crudo caerá en términos absolutos en el 2008, la primera vez que ello ocurre en un cuarto de siglo.
Semejante escenario, contrasta con la meta de mediano plazo de la Opep, consistente en que el barril de petróleo cueste cerca de 80 dólares por barril. Y aunque eso es posible, en la medida en que la economía mundial deje la recesión a partir del segundo semestre del 2009, las perspectivas de corto plazo muestran otra cosa. Tan dura es la proyección, que algunos planes han sido metidos al congelador lo cual asegura que, cuando el péndulo cambie, lo hará de forma decidida, más allá de que la Opep esté de acuerdo o no.
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