De no ser por las fuertes acusaciones mutuas, con respecto a la supuesta intransigencia del otro bando, la opinión pública colombiana podría pensar que está asistiendo a un evento sin precedentes. Pero la verdad es que las discrepancias y las recriminaciones forman parte del libreto de las reuniones en las cuales trabajadores y empresarios tratan de llegar a un acuerdo sobre el nuevo nivel del salario mínimo. Así ha ocurrido en años
anteriores y el 2008 no parece ser la excepción.
La diferencia, sin embargo, está en los números. Las centrales obreras llegaron a la mesa con una petición de incremento del 14 por ciento, mientras los empresarios propusieron el 6,5 por ciento.
Para los primeros, se trata de recuperar el poder adquisitivo de cientos de miles de colombianos afectados por una tasa de inflación anual que será cercana al 7,5 por ciento al finalizar diciembre. Para los otros, hay que mirar las perspectivas del 2009, en el cual la carestía aflojaría la presión, de la mano de las menores cotizaciones de las materias primas y, sobre todo, de los alimentos. Hechas esas consideraciones, las centrales bajaron hasta el 12,5 por ciento y el sector privado subió hasta el 7 por ciento.
Así las cosas, todo apunta al desenlace conocido: un decreto gubernamental antes de finalizar el mes, que fije la cifra definitiva.
Para los conocedores, el alza estará entre 7,5 y 8 por ciento, lo cual daría un valor cercano a los 500.000 pesos mensuales. Una suma que, por cierto, dista de lo que cuesta la canasta familiar para un hogar de varias personas.
ricavi@portafolio.com.co
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