En la medida en que se acerca el fin del año, aumentan también las expectativas sobre una decisión del Banco de la República respecto al nivel de las tasas de interés que se mantienen en 10 por ciento desde finales de julio.
Diferentes factores, tanto nacionales como externos, confluyen para que en la sesión del próximo 19 los integrantes de la junta del Emisor acepten en forma mayoritaria una disminución del costo del dinero. Esa es por lo menos la esperanza de los representantes del sector productivo, que ven cómo el apretón en la demanda interna ha resultado más fuerte que lo esperado y registran con preocupación crecimientos negativos en la industria y estancamiento en el comercio.
Como si eso fuera poco, es previsible que la ya estrecha situación fiscal tienda a deteriorarse, pues así lo muestran los recaudos acumulados a noviembre, según los cuales hay un desfase cercano a los 450.000 millones de pesos frente a la meta proyectada para el 2008. Tales elementos han venido siendo objeto de profundas discusiones en el seno del Banco, aunque por ahora la posición de mantener las cosas como están ha sido la mayoritaria.
No obstante, en la más reciente reunión de la junta la votación fue de un estrecho cuatro a tres, lo cual sugiere un cambio de dirección en el viento. Por ejemplo, es evidente la inquietud que genera el deterioro de las cifras agregadas y, particularmente, de las expectativas de empresarios y consumidores, como también el retroceso en el número de trabajadores asalariados.Además, los síntomas aislados de recuperación, como ocurrió con las compras de energía eléctrica en octubre, parecen tener explicaciones puntuales y no denotan otra tendencia que permita mirar las cosas con optimismo. También es indudable que el contexto externo pesa, y mucho. Para el Emisor no han pasado inadvertidos los esfuerzos hechos por otros bancos centrales de utilizar en forma agresiva la política monetaria como mecanismo de estímulo.
Desde China hasta Estados Unidos, pasando por Japón y el Viejo Continente, ha habido sustanciales recortes en las tasas de interés que han ido mucho más allá de lo previsto hace apenas unos meses. Aunque la discusión entre los técnicos sobre la pertinencia de tales medidas continúa, es evidente que dado el nivel de riesgo actual, las apuestas para superar la encrucijada han sido audaces y rápidas, mientras en Colombia la respuesta ha sido más tímida y se ha concentrado en aumentar los niveles de liquidez del sector financiero.
La diferencia, sin embargo, es que en buena parte de esas economías la inflación ha descendido con fuerza, de la mano de los menores precios de los combustibles y de la baja en los demás productos básicos.
En el caso del país, en cambio, la corrección en noviembre fue menor y es claro que el balance del 2008 no será positivo en ese frente. Además, el Banco ha querido demostrar que no piensa aflojar la rienda a cambio de una mayor carestía, sobre todo en momentos en que siguen las discusiones sobre el nuevo ritmo del salario mínimo y que el sector privado evalúa los reajustes para el año que comienza. Sin embargo, parece difícil terminar el año sin cambiar de postura.
Si bien en el Banco hay quienes piensan que una menor tasa de interés podría ocasionar salidas de recursos, más devaluación y, por ende, causar mayores precios de los bienes importados, no parece previsible que eso ocurra, por lo menos por ese motivo.
De un lado, los recortes en otras latitudes han sido tan profundos que la decisión de invertir en activos colombianos tiene que ver más con aversión al riesgo que con lo que renten los papeles financieros en pesos. De otro, es indispensable que tanto el sector productivo como los consumidores reciban señales positivas, sobre todo ahora que la coyuntura internacional no ha hecho más que oscurecerse.
Tanto las señales del mundo desarrollado, como la debacle anunciada en Ecuador y Venezuela, hacen indispensable que la demanda interna se reanime y lo que decida el Banco de la República va a tener mucho que ver en ello.
PUBLICIDAD