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Perder es ganar

La frase fue dicha hace años por Francisco Maturana, el ex técnico de la Selección Colombia de fútbol, quien al hablar sobre el resultado de un partido afirmó que "perder es ganar un poco". Eso fue precisamente lo que ocurrió ayer en los mercados internacionales, cuando el rendimiento de los bonos del Tesoro emitidos por el Gobierno estadounidense pasó a terreno negativo.

Puesto en otros términos, por cada dólar entregado, los inversionistas van a recibir 99 centavos dentro de tres meses.
Semejante comportamiento desafía toda lógica, pero es el resultado de la inmensa volatilidad que han tenido las bolsas de valores o de productos básicos en los últimos tiempos. Y es que en medio de tanta incertidumbre, está creciendo el grupo de los ahorradores que prefiere sacrificar incluso parte del capital, a cambio de más seguridad y poder, de paso, minimizar su saldo en rojo.

La razón es que la crisis que azota con fuerza a las naciones más ricas continúa su proceso de profundización. Ejemplos como la pérdida de más de medio millón de empleos en Estados Unidos durante el mes de noviembre demuestran que las peores previsiones están siendo superadas por la realidad diaria y que todavía no se ve la luz al final del túnel. No obstante, diferentes naciones están tratando de romper la cadena de malas noticias con reducciones en la tasa de interés y con programas de mayor gasto público. Además, existen planes para sectores industriales específicos cuyo desenlace tiene a más de un observador en vilo.

Ese es el caso de las grandes fábricas de vehículos que tocaron la puerta de la Casa Blanca y del Congreso en Washington, con el fin de obtener un paquete de ayuda valorado inicialmente en 15.000 millones de dólares. Según lo previsto el dinero sería recibido por General Motors y Chrysler, ensambladoras que ya venían en problemas y que ahora tienen dificultades serias de caja, debido al derrumbe en la venta de automotores. Como una declaratoria de quiebra seguramente vendría acompañada de más cierres de plantas y despidos de personal, la mayoría demócrata en el Capitolio es amiga de tenderle la mano a compañías que fueron emblemáticas en el pasado y que ahora están de capa caída, pero que generan mucho empleo. Ante esa posibilidad, las acciones de las empresas mencionadas, al igual que de Ford, han sufrido altos y bajos, dependiendo de la posibilidad de que el rescate tenga lugar antes de terminar el año.

También es amplia la expectativa generada por el presidente electo, Barack Obama, quien el sábado pasado habló de un plan multimillonario de gastos, orientado sobre todo a obras de infraestructura. El objetivo final es lograr la creación de hasta 2,5 millones de puestos, para así reactivar la demanda y echar a andar de nuevo la máquina de la economía. No obstante, todo depende de los detalles y de los fondos, pues de acuerdo con las cuentas preliminares el valor del programa podría ascender a 700.000 millones de dólares, con lo cual el déficit fiscal norteamericano seguiría camino a la estratosfera. A pesar de que los bonos del Tesoro sigan apetecidos, no está de más preguntarse si los inversionistas mantendrán la confianza en un país cuyo saldo en rojo ya supera el equivalente al 10 por ciento de su Producto Interno Bruto, de acuerdo con algunos analistas.

Esa reflexión no impidió, por supuesto, que los mercados saltaran al alza inicialmente, para después volver al terreno negativo. Una vez más, el motivo es que ante la falta de verdades contundentes, un anuncio logra reacciones exageradas que a su vez aumentan el desconcierto por la marcha de una situación que dista de ser buena. Por tal motivo, los expertos creen que en los meses que vienen, los picos y las caídas van a ser más la norma que la excepción. De allí que quien esté cansado de tanto vaivén prefiera las pérdidas o los rendimientos cercanos a cero, porque esa también es una manera de ganar un poco. 

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