Hace apenas tres meses era el país con el tercer volumen de reservas internacionales más grande del mundo, cercanas a los 600.000 millones de dólares. Pero a pesar de semejante fortaleza la economía rusa ha probado ser más frágil que lo que muchos pensaban, como lo prueba la creciente desconfianza en los bancos privados y las continuas debacles en la bolsa de Moscú.
Ahora, con los precios de los productos básicos a la baja, todo indica que la nación más extensa del mundo va a resultar duramente golpeada por la crisis financiera. De hecho, el total de divisas acumuladas cayó a 484.700 millones de dólares la semana pasada.
Como consecuencia de lo sucedido, la devaluación del rublo ha sido cercana al 20 por ciento en las últimas semanas, y el Gobierno se vió obligado a reducir su pronóstico de crecimiento en el 2008 en medio punto porcentual. Aunque la cifra todavía sería de un saludable 7,3 por ciento anual, las perspectivas no son las mejores, e incluso hay quienes se atreven a hablar de un estancamiento en el 2009. Debido a ello, el tono altisonante de hace unos meses que coincidió con el ataque contra Georgia, uno de sus vecinos, ha sido reemplazado por uno más conciliador. Y es que en este invierno, incluso el oso ruso parece estar teniendo frío.
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