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Cambio positivo

En medio de la oleada de noticias que ha generado la crisis financiera internacional, y del consecuente sube y baja en las bolsas de valores de todo el mundo, resulta difícil a veces examinar otros indicadores. Eso es lo que ha ocurrido con las cifras más recientes del comercio exterior colombiano, las cuales reflejan un cambio profundo y positivo que ha sido poco destacado por los especialistas.

Para resumirlo en pocas palabras, el país registra ahora un abultado saldo a favor en su balanza comercial, que despeja algunas de las más serias inquietudes que había sobre la sostenibilidad de la economía nacional en el corto plazo. Eso no quiere decir, por supuesto, que el futuro esté despejado. De hecho, la descolgada en los precios de los productos básicos hace pensar que será prácticamente imposible igualar el próximo año el monto récord de más de 35.000 millones de dólares en exportaciones, calculado para el 2008.

Sin embargo, antes de entrar a analizar el futuro, conviene mencionar el presente. Y es que según los datos del Dane, Colombia tuvo entre enero y agosto un superávit de 1.987 millones de dólares en su intercambio de bienes con el resto del mundo, que contrasta con un saldo en rojo de 1.103 millones de dólares en igual período del año pasado. Ese resultado es bien diferente a las previsiones que hacían los analistas hace pocos meses. Por ejemplo, en marzo el Banco de la República pronosticó que en diciembre el déficit comercial sería de 2.046 millones de dólares, bajo el supuesto de que las ventas al exterior aumentarían 20,8 por ciento frente a los niveles del 2007 y que las importaciones subirían 24,7 por ciento.

En su momento, dicho cálculo disparó las alarmas, porque todo indicaba que el déficit en la balanza en cuenta corriente, que mide en forma más amplia las transacciones hechas con el resto del mundo, iba a llegar a un monto récord de 7.811 millones de dólares, de acuerdo con las proyecciones del Emisor. Las razones de la inquietud es que algo similar había ocurrido durante las fuertes crisis que tuvo la economía colombiana a comienzos de los ochenta y hace diez años, con lo cual los conocedores de la historia estaban viendo la repetición de una debacle anunciada.

No obstante, nadie anticipó que los precios del petróleo llegaran a cotizaciones insospechadas y que las exportaciones no tradicionales lograran mantener un ritmo aceptable. Debido a esa situación, los despachos de productos colombianos subieron 40,6 por ciento en valor en los primeros ocho meses del año, dos veces más rápido que los estimativos. Al mismo tiempo, las importaciones crecieron 22,7 por ciento en el mismo período, siendo particularmente llamativo que el ritmo bajó a 13,9 por ciento en agosto. Por cuenta de lo sucedido, todo indica que el déficit en cuenta corriente al terminar el 2008 va a ser cercano a 3.500 millones de dólares, un faltante similar al de dos años atrás y que es totalmente manejable si se tiene en cuenta que la inversión extranjera sigue creciendo a un ritmo cercano al 30 por ciento, hasta mediados de octubre.

Despejado ese frente, las cábalas de los académicos se concentran en lo que puede pasar el próximo año. Al respecto, es evidente que será imposible mantener las ventas de productos tradicionales en el mismo nivel, pues petróleo, carbón y café van hacia abajo. De manera complementaria, hay inquietudes sobre la sostenibilidad de los mercados venezolano y ecuatoriano, dada la dependencia que tienen las dos naciones bolivarianas de las ventas de crudo. Eso para no hablar de un entorno general más difícil, por cuenta del clima recesivo en el mundo desarrollado.
Pero no todo es negativo. Falta ver el impacto que puede tener el nuevo nivel de la tasa de cambio en la marcha de las importaciones y en la conquista de más mercados por parte de Colombia. Una mirada a la historia reciente del país muestra que en circunstancias similares las cuentas externas se han acercado hacia el equilibrio, lo cual, dada la incertidumbre que se vive en las diversas latitudes, sería más que aceptable.  

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