EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
Han pasado solo cinco meses desde que Arjun Murti, un analista de la firma Goldman Sachs, predijo que el precio del barril de petróleo llegaría a 200 dólares a mediados del 2009. En ese entonces, con las cotizaciones de los llamados bienes primarios en plena aceleración, fueron muchos los que coincidieron con tal escenario. A pesar de que ya en dicho momento estaban sembradas las semillas de la crisis financiera mundial que desplegó su follaje en septiembre, casi nadie anticipó una destorcida como la que puso a temblar al sistema capitalista. De tal manera, cuando llegó el vendaval, no fueron solo las acciones las que acabaron derrumbándose en las más diversas latitudes. También el mercado de productos básicos tuvo un enorme bajón, como lo muestra lo sucedido con los combustibles.
Así, el crudo cayó por debajo de los 75 dólares, casi la mitad del nivel récord de 145 dólares alcanzado a mediados de julio. Debido a esa situación, las naciones productoras que antes se frotaban las manos están rehaciendo sus cuentas, mientras los consumidores empiezan a sentir algún alivio, al igual que los fiscos de tantos países que subsidian el valor del galón de gasolina. Pero en medio de tanta volatilidad, los expertos no se ponen de acuerdo sobre la tendencia de un producto clave para el desempeño de la economía global.
Ese es un tema fundamental para todos los pueblos, y también para el colombiano. La razón es que la buena salud reciente de Venezuela y Ecuador, dos de los tres principales socios comerciales del país, depende del precio del petróleo. Como es bien conocido, el Gobierno de Hugo Chávez y el de Rafael Correa, no se han caracterizado por ser un ejemplo de austeridad. Aunque ambos han logrado ahorrar parte de la bonanza, los cálculos de los analistas dicen que es necesario que el barril de crudo esté bien por encima de los 80 dólares para que las cuentas de sus programas de gasto resulten. De lo contrario, un ajuste sería necesario más temprano que tarde, con obvias consecuencias para las exportaciones nacionales. Según el Dane, entre enero y agosto las ventas al mercado venezolano ascendieron a 3.640 millones de dólares, con un alza del 33,1 por ciento frente a igual periodo del 2007, mientras que en el caso ecuatoriano el total exportado llegó a 972 millones de dólares, lo que significó un incremento del 18,1 por ciento en el mismo lapso.
Pero no menos importante es el peso creciente de las exportaciones de hidrocarburos en las cuentas de Colombia. En los primeros ocho meses del año estas llegaron a una tercera parte del total vendido, al alcanzar 8.969 millones de dólares y registrar un alza del 112,7 por ciento. Parte de lo ocurrido tuvo que ver con la elevación de los precios internacionales, pero también el volumen despachado subió 23,8 por ciento, pues la producción nacional ha subido en forma considerable. De acuerdo con la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ésta llegó a 612.000 barriles diarios en septiembre pasado, 14,4 por ciento más que en el mismo mes del 2007.
Bajo tales consideraciones, es evidente que el futuro de los precios del petróleo es determinante para el país, sin hablar de las posibilidades derivadas del fuerte ritmo de inversión extranjera en el sector, que podría desembocar en más hallazgos y mayor ritmo de explotación. Sin embargo, una cosa es el futuro con la cotización del crudo a niveles similares a los actuales y otra con los de hace unos meses, para no mencionar los 14 dólares por barril de 1998.
Debido a ello, los expertos se devanan los sesos para hacer predicciones confiables, pues si bien la demanda mundial está creciendo menos que lo previsto, el consumo total debería llegar en el 2008 a 86,5 millones de barriles diarios, medio punto porcentual más que el año pasado. Incluso la Agencia Internacional de Energía estima que la sed del planeta seguirá creciendo gracias a los países en desarrollo, con lo cual sigue imperando la teoría de precios en cercanía de los 80 dólares, que podrían volver a repuntar si la recesión internacional resulta ser más corta de lo esperado.
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