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Pasos atrás

En días recientes el país recibió la mala noticia de que había perdido cinco lugares en la más reciente clasificación de competitividad del Foro Económico Mundial (FEM), que quizás es el más conocido de todos los escalafones en la materia. El retroceso hasta el puesto 74 entre 131 naciones, se agrega a otro similar en el 2007 y parece contradecir el avance de 13 casillas en el índice Doing Business del Banco Mundial, con lo cual es difícil tener claridad sobre un asunto clave.

Así las cosas, es importante entender las diferencias de enfoque entre una medición y otra. En primer lugar, el Foro Económico define la competitividad como el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan la productividad de un país. A su vez, el Banco Mundial utiliza un concepto más restringido de "entorno para hacer negocios". Por ello, mientras el FEM incluye, entre otros, la calidad de la infraestructura de transporte y telecomunicaciones y la estabilidad del ámbito macroeconómico, el DB se concentra en temas de eficiencia en trámites y el régimen tributario.

De tal manera, el avance en este último indicador está justificada.

Gracias a las reformas emprendidas por el Gobierno, como la reciente facilitación del pagos de las contribuciones salariales y parafiscales con la planilla 'Pila' y la reducción de trámites en el comercio exterior, se mejora por dos años consecutivos el entorno para hacer negocios en el país.

En cambio, en el termómetro global del Foro Económico en 2008, Colombia perdió 25 posiciones en estabilidad macroeconómica y, 18 en eficiencia del mercado laboral. De otro lado, el país mejoró ligeramente en innovación e infraestructura.

La caída en la variable macroeconómica se dio, principalmente, por la marcha atrás en aspectos como la deuda del Gobierno, el margen de intermediación financiero y la inflación. Aunque dadas las actuales circunstancias de la economía global es probable que otras naciones retrocedan en los próximos meses, no deja de resultar preocupante que en esta materia el país ocupe el lugar 88.

Una vez más vuelve a quedar claro que el esfuerzo hecho hasta ahora no ha sido suficiente, así las cifras fiscales sean un poco mejores.

Por su parte, la pérdida de puestos en el pilar sobre eficiencia del mercado laboral fue causada por una caída generalizada de todos los indicadores, particularmente los de percepción, que miden la relación entre remuneración y productividad, al igual que la confianza en los directivos de las empresas. De la misma manera, se dio marcha atrás en mediciones cuantitativas como los costos laborales no salariales y los de despido. Según los entendidos, esta es una prueba más de que las contribuciones parafiscales son un impuesto directo a la generación de empleo.

El avance en infraestructura fue causado, principalmente, por una mejora en la percepción de los encuestados sobre la calidad de la red vial y la oferta de electricidad. No obstante, hay que tomar esa mejoría en contexto, porque en la medición del 2007, Colombia había perdido 10 casillas, de las cuales recuperó seis. Aun así, el país ocupa el puesto 80, lo cual lo ubica en el lote de los rezagados. La explicación de ese atraso no es otra que la imposibilidad de definir un esquema ambicioso de concesiones viales y adoptar una política moderna de transporte, sin tabla de fletes, que reduzca los escandalosos costos de logística que enfrenta el sector productivo.

Finalmente, las ganancias en innovación se dieron por mejoras en la percepción de los encuestados sobre las instituciones de investigación científica, el gasto en investigación y desarrollo por parte de las empresas, la colaboración entre universidad y empresa y, especialmente, la 'obtención, por parte del Gobierno, de productos de tecnología avanzada'.
Sin embargo, ese pequeño salto no alcanza a disimular un balance
preocupante. La razón es que en un tema fundamental para garantizar la inversión, el buen clima de negocios y el futuro económico, el país es como esos danzarines que avanzan un paso, para luego retroceder dos.

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