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La disputa entre Brasil y Ecuador, originada por la construcción de una hidroeléctrica en el vecino país, ha generado inquietud. El motivo es que Quito ha amenazado con no pagar un crédito por 293 millones de dólares contratado con una entidad estatal brasileña, en retaliación por la que considera una obra mal hecha.
En respuesta, la firma Odebrecht, que está en el centro del escándalo, clama por su inocencia y sostiene que está siendo objeto de una cacería de brujas.
El problema comenzó con una serie de daños sucedidos en el proyecto San Francisco, que apenas llevaba un año en operación y que genera una octava parte de la energía de Ecuador. Pero lo que comenzó como una disputa normal, pronto se deterioró por la actitud del presidente ecuatoriano Rafael Correa, que congeló los activos de empresas brasileñas. Esa actitud produjo rechazos en Brasilia, que advirtió que los vínculos entre ambas naciones podrían sufrir grandemente.
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