Y ahora, recesión
16-10-08 -
El nuevo tropezón que volvieron a dar ayer los mercados de valores en el mundo pudo sorprender a quienes creyeron que, una vez pasado el peor escenario de la crisis financiera, las cosas regresarían en forma paulatina a la normalidad. No obstante, tal como quedó claro en las diferentes bolsas, la preocupación pasó a ser de otra índole. Ahora la inquietud tiene que ver con la recesión, en la medida que el sector real de las principales economías empieza a acusar el golpe de meses de malas noticias. Eso fue lo que ocurrió ayer cuando se informó que las ventas al por menor en Estados Unidos habían caído 1,2 por ciento en septiembre, casi el doble que las previsiones de los analistas. Eso, en términos prácticos, quiere decir que el círculo vicioso de menor demanda, baja en producción y reducción de empleo puede ser más amplio de lo que se pensaba y que la senda de la recuperación se ve larga y complicada.
Curiosamente, tal escenario ya había sido advertido por entidades como el Fondo Monetario Internacional, que la semana pasada predijo un crecimiento cercano a cero en las naciones industrializadas durante el 2009. Sin embargo, ante la necesidad de lanzarles salvavidas a los principales bancos volvió a quedar revalidado el dicho que afirma que lo urgente no deja tiempo para lo importante. Pero superada la emergencia, y después de la millonaria nacionalización parcial de entidades por parte de los gobiernos europeos y estadounidense, viene otro capítulo.
Este consiste en cómo lidiar con economías menos dinámicas o en franca contracción. En contraste con la debacle del sector financiero que exigió acciones globales y coordinadas, la respuesta a dicho desafío recae en las autoridades de cada país que deberán hacer uso de los instrumentos a su cargo para reactivar el consumo e inspirar confianza en su respectiva comunidad de negocios. Como remedio, hay quienes recomiendan opciones que van desde programas de obras públicas y desarrollo de infraestructura, hasta beneficios fiscales, con el fin de estimular la inversión.
Pero más allá de esos paliativos, es indudable que en todas las latitudes la euforia reciente ha quedado atrás. Así le ocurre a América Latina en donde ya suenan las alarmas, pero sin que haya sido posible prever los daños a reparar, pues estos dependen de factores externos. En el caso de México y América Central, por ejemplo, es evidente que la menor dinámica de la economía estadounidense tendrá consecuencias tanto sobre las exportaciones de manufacturas, como en los ingresos por remesas y turismo. A su vez, para Suramérica la incógnita tiene que ver con el precio de las materias primas que vende y cuyas altas cotizaciones tuvieron mucho que ver con la bonanza reciente.
Hasta la fecha solo se sabe que el período de los altos precios quedó atrás. Para citar unos cuantos casos, el petróleo pasó de 145 a menos de 75 dólares por barril en escasos tres meses, mientras que la reducción en la tonelada de carbón fue de casi el 40 por ciento. Por su parte, la libra de café bajó 37 centavos desde marzo hasta los 1,35 dólares y la de cobre ha caído en más de una tercera parte. Situaciones similares han vivido la soya, el maíz o el ferroníquel, golpeados por una mezcla de menores expectativas y alza de inventarios.
Sin embargo, el problema es que no está claro el nuevo piso de las cotizaciones. Por un lado, la reducción en la demanda en el mundo industrializado es difícil de medir en medio de tanta volatilidad, mientras que la suerte de China e India todavía es una incógnita.
Eso explica los saltos en precios, los cuales seguramente continuarán por varios meses hasta que la tormenta se apacigüe y sea posible evaluar los daños. En el entretanto países como Colombia deberán mantener el ojo atento, mientras ponen en práctica políticas orientadas a contrarrestar el cambio de ciclo. La razón es que aun si las cotizaciones de los productos básicos se recuperan parcialmente, es necesario tomar medidas para sortear el coletazo de una recesión mundial que parece ser inevitable.
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