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Una buena y una mala

Al igual que en las conversaciones coloquiales en las que se mezclan nuevas de diferente índole, el Ministro de Hacienda les contó ayer a los colombianos dos noticias destacables, una buena y una mala. La buena es que el Gobierno aseguró el financiamiento externo que le faltaba para el 2009 y que tenía preocupado a algunos analistas a la luz del endurecimiento de los mercados internacionales de crédito, por cuenta de la crisis. La mala es que el crecimiento proyectado para la economía el próximo año fue rebajado a 3,5 por ciento, una cifra mediocre que dista de la meta del 5 por ciento fijada hace meses.

En el primero de los casos, y al igual que otros países de América Latina, Colombia tocó las puertas de las entidades multilaterales de crédito con resultados favorables. Así, los 2.411 millones de dólares que eran necesarios saldrán de las arcas del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo y de la Corporación Andina de Fomento, en condiciones que todavía están por definir. Esa promesa no impide que el país decida colocar bonos externos entre compradores privados si las circunstancias mejoran, pero por ahora despejan un panorama en el cual abundan los nubarrones. Queda, sin embargo, una inquietud por resolver relacionada con la venta de Isagen, que le debería generar al fisco tres billones de pesos el año que viene y cuya negociación está en entredicho hasta que no regrese la normalidad. En caso de que dicha transacción tenga que posponerse, será necesario suplir el faltante con más deuda.

Por su parte, en el frente del crecimiento, el cambio de pronóstico no es más que una aceptación de que la realidad ahora es diferente. No solo la demanda interna se ha enfriado, sino que Estados Unidos, Japón y buena parte de Europa se encaminan a una recesión que promete ser larga y que afectará tanto el nivel de las exportaciones, como los precios de los productos básicos.

Además esa situación puede incidir sobre los flujos de Inversión Extranjera Directa, que ya empiezan a mostrar claros signos de desaceleración en los sectores diferentes a petróleo y minería.

No obstante, si en el caso de la deuda y la marcha de la economía el Gobierno decidió sincerar las cifras, falta que haga lo propio en los demás frentes. El tema que mayor inquietud genera es el fiscal, pues cambiaron todas las bases con que fue construido el programa de gastos e ingresos para el 2009. Y es que no solo la evolución del Producto Interno será diferente, sino también la inflación y la tasa de cambio. Como resultado del juego de sumas y restas, lo más previsible es que la proyección de recaudos tenga que ser revisada hacia abajo, mientras el peso de la deuda y las obligaciones salariales seguramente resultará mayor. Todos estos temas deberían haber sido examinados por el Congreso que está a punto de darle su bendición final al proyecto de Presupuesto Nacional. Lamentablemente, en la discusión primó de nuevo el espíritu del 'pupitrazo', alentado por la bancada uribista, que el análisis concienzudo de los números.

Debido a ello, sería mejor que el Ministerio de Hacienda comience un análisis de posibles recortes si, tal como dice su titular, las erogaciones deben ajustarse a los recaudos. Dentro de los pocos ases en la manga que le quedan al fisco, está continuar con los reajustes en el valor de los combustibles hasta llegar a niveles superiores a la cotización internacional del crudo y compensar el monto de subsidios causados durante el primer semestre, calculados en 2,8 billones de pesos.

El inconveniente es que una medida de ese estilo es impopular y no es claro si hay alguien dispuesto a pagar el costo de la misma.

Así las cosas, es cada vez más urgente enviar un mensaje contundente, en el sentido de que la casa de las finanzas públicas va a seguir en relativo orden, a pesar del clima tormentoso. Y es que más allá de que la Casa de Nariño no lo quiera aceptar, la realidad es tozuda e impone sacrificios. Sacrificios que, por cierto, es mejor hacer ahora y por voluntad propia, que más tarde cuando el margen de maniobra sea aún menor que en el presente.

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