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Tales anuncios son relativos a las soluciones posibles para contener la crisis financiera internacional que se ha profundizado en las semanas recientes.
Si bien es claro que faltan todavía muchos meses de esfuerzo, también es evidente que es positivo el balance de los encuentros que tuvieron los ministros de Hacienda de 185 países en el marco de las reuniones anuales del Fondo Monetario y del Banco Mundial, así como los mandatarios de la llamada Zona Euro en París.
El motivo es que cada vez hay más acciones conjuntas y coordinadas para responder a un desafío que hace tiempo sobrepasó las fronteras de un puñado de naciones. Quizás el caso más claro es el del Viejo Continente, en donde sus dirigentes le dieron su respaldo a un plan que incluye garantías para quienes tienen su dinero en los bancos, líneas para inyectar liquidez a las entidades financieras y dinero público para comprar acciones en las instituciones de crédito.
Ese apoyo se suma al paquete de ayuda por 700.000 millones de dólares aprobado en Estados Unidos, el cual contiene mecanismos similares, y que comenzaría a ponerse en práctica más temprano que tarde. Aunque es claro que volver realidad el nuevo esquema es difícil por la cantidad de aristas que tiene, de lo que se trata es de evitar que la velocidad del deterioro resulte ser superior a la de los correctivos. En esas circunstancias, lo peor que le puede pasar a las autoridades occidentales es que una nueva entidad entre en problemas, antes de que los alivios empiecen a tener efecto.
Falta ver, por supuesto, si el regreso del entusiasmo llega a otras latitudes. Y es que si los funcionarios del mundo desarrollado están preocupados por la tensión creciente, los de los países pobres no están mucho más tranquilos, a pesar de que buena parte de las economías del hemisferio sur mantendrían un crecimiento económico positivo. La razón es que cada vez es más evidente que los coletazos van a golpear a todos y en diferentes oleadas. La primera evidencia de ello es el recorte a las líneas de financiamiento para las operaciones de comercio exterior, así como el fuerte aumento en las tasas de interés de las mismas.
Pero también resulta inquietante la salida de capitales, la volatilidad en los precios de las materias primas y el deterioro notable que pueden sufrir algunos mercados externos.
En semejante panorama, es destacable que en Washington se empezaron a mover los engranajes para que las entidades multilaterales le presten más dinero a las naciones en desarrollo, ante la reducción esperada en las operaciones de la banca comercial. Así mientras el Fondo Monetario y el Banco Mundial hablaron de una suma indeterminada de recursos, ayer el Banco Interamericano de Desarrollo anunció el establecimiento de una "facilidad de liquidez de desembolso rápido" por 6.000 millones de dólares, así como la meta de acelerar la aprobación de su cartera de préstamos y de este modo aprobar un récord de 12.000 millones de dólares en el 2009. Esos recursos se sumarían a los de otras entidades regionales como la Corporación Andina de Fomento o del Fondo Latinoamericano de Reservas, que también disponen de sumas cuantiosas.
Bajo esa óptica, a Colombia no le fue mal, pues todo indica que el Ministro de Hacienda logró asegurar la financiación faltante que necesitaba para el 2009, así como hacer las solicitudes respectivas para el 2010. Pero los delegados del Gobierno pudieron constatar con sus propios ojos que las cosas no están fáciles y que el espacio para cometer errores en la programación de requerimientos y desembolsos es muy reducido. Por tales razones, aunque todo indica que ya se empieza a ver la luz al final de túnel, hay que tener claro que el camino será difícil por un tiempo prolongado y que el ajuste de las diferentes variables, incluyendo las tasas de interés o el nivel del gasto público, resulta crítico para salir adelante.
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