EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
Pocas veces en la historia económica del mundo una reunión rutinaria había tenido carácter de urgencia. Pero eso es precisamente lo que ocurre con la cita de este fin de semana en Washington, cuando los ministros de Hacienda y los gerentes de los bancos centrales de 185 países integrantes del sistema multilateral se encuentren para hablar de una crisis que sigue sin solución a la vista. Si bien en los últimos días los responsables de las economías más grandes han pasado a la ofensiva, con medidas que incluyeron recortes concertados en las tasas de interés y apoyos extraordinarios al sistema bancario, incluyendo la nacionalización parcial de entidades, lo cierto es que la confianza sigue brillando por su ausencia.
Así lo dejan en claro las bolsas de valores de todo el planeta que no han hecho más que acumular saldos en rojo, incluida la colombiana. Pero también, en la medida en que la incertidumbre se prolonga es evidente que el problema es cada vez menos de expectativas y más de realidades. Realidades que, por cierto, son cada vez más oscuras.
No de otra manera pueden interpretarse los pronunciamientos hechos ayer por los jefes del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en la capital estadounidense. Para ambos funcionarios la situación ya dejó de circunscribirse a un puñado de naciones y ahora le concierne a todos. Aunque es claro que la peor parte la van a llevar los Estados más ricos, cuyo crecimiento estimado para el 2009 sería igual a cero, es indudable que va a haber un frenazo en las más diversas latitudes. Por cuenta de esa desaceleración parece inevitable que los más pobres van a ser los más afectados, pues incluso antes de que estallaran los problemas en los bancos comerciales ya había 28 países en mala situación debido a las fuertes alzas que habían experimentado alimentos y combustibles. Un cálculo que puede resultar conservador es que 44 millones de personas adicionales engrosarán las filas de la desnutrición.
Bajo ese panorama, el desafío es tener capacidad de aguante. El motivo es que el virus que hoy contagia al mundo es tan fuerte que, en el mejor de los casos, el apretón durará otros 12 meses y será seguido por una larga recuperación. En este escenario, las excepciones más notables son China e India que continuarán con tasas de crecimiento el próximo año de 9,3 y 6,9 por ciento respectivamente, que son envidiables para la mayoría, pero inferiores a las del pasado reciente. Quizás, el único motivo de aliento es el del África subsahariana, con un aumento del PIB de 6,3 por ciento, previsto para el 2009.
En contraste América Latina va a ver finalizado el ciclo expansivo rápido que comenzó en el 2003, cuando logró los mejores resultados en más de cuatro décadas y consiguió disminuir de manera significativa las cifras de pobreza. De acuerdo con el FMI, la región tendrá un crecimiento de 4,6 por ciento este año, para bajar a 3,2 por ciento el próximo. Buena parte de ese menor ritmo sería explicado por México, golpeado por el mal desempeño de su vecino del norte, aunque también Brasil pasaría del 5,2 al 3,5 por ciento entre el 2008 y el 2009. En lo que toca a Colombia la situación no será mucho mejor, con tasas estimadas en 4 y 3,5 por ciento para los mismos periodos. Dicho de otra manera, todo pinta para que la situación económica del país, que era buena, pase a ser mediocre.
Sin embargo, hay que destacar que existe una gran diferencia con las crisis pasadas, cuando las naciones del norte salían relativamente indemnes y las del sur sufrían. Puesta en perspectiva, la situación actual se antoja mucho menos grave que la de los ochenta cuando se declaró la crisis de la deuda y
Latinoamérica retrocedió frente al resto del mundo.
Tales cálculos dependen, por supuesto, de que los médicos reunidos en Washington logren encontrar la forma de estabilizar al paciente. Más allá de la larga convalecencia prevista, lo clave por ahora es parar un deterioro frente al cual todas las medicinas ensayadas por ahora, han resultado infructuosas.
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