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Crecimiento sorpresa

Para hablar en plata blanca se trata de la tercera fuente de recursos externos del país, apenas por debajo de las ventas de petróleo y la inversión extranjera. Por esa razón es sorprendente la poca atención que a veces despierta la evolución de los ingresos por remesas de trabajadores, enviados por los casi 4 millones de colombianos que viven en el exterior y que ayudan, con sus giros mensuales, al sostenimiento de miles de familias en todo el territorio nacional. Según cifras del Banco de la República, el monto enviado ha tenido un crecimiento notable, pues de 788 millones de dólares en 1998 pasó a 2.021 millones en el 2001 y a 4.493 millones el año pasado. La razón fundamental de ese desempeño fue la fuerte ola migratoria de finales de la década pasada que coincidió con el mal resultado de la economía. Tal como ocurrió en el caso de Ecuador, Perú y Bolivia, el destino principal fue Europa que reemplazó a Estados Unidos como el principal polo de atracción, para quienes en ese momento buscaron otro destino.

Sin embargo, las investigaciones hechas han demostrado una particularidad de la diáspora colombiana y es que ésta tuvo un alto componente de profesionales que gastaron un tiempo relativamente corto en legalizarse y obtener trabajos bien remunerados. Esa puede ser una de las razones por las cuales las transferencias de dinero siguen subiendo, como lo muestran los datos más recientes. De acuerdo con la Balanza de Pagos al cierre del primer semestre del 2008, las remesas llegaron a 2.331 millones de dólares con un 19,6 por ciento de aumento frente a igual período del año precedente.

Pero tal vez lo más destacable es que ese crecimiento tiene lugar justo cuando en el resto del hemisferio la tendencia está cambiando, como lo prueban los casos de México o buena parte de Centroamérica. La semana pasada el Banco Interamericano de Desarrollo afirmó que las remesas en América Latina ascenderán a 67.500 millones de dólares en el 2008, un alza de apenas 1,5 por ciento con respecto al año previo que se convierte en una reducción, si se tiene en cuenta el factor inflacionario. La explicación de ese cambio de ritmo es una sola. En la medida en que las principales economías sienten con más fuerza el embate de la recesión también sube el desempleo, el cual golpea con más fuerza a los inmigrantes, buena parte de los cuales continúa en la ilegalidad. Así ha ocurrido en España y en Estados Unidos, en donde los índices de desocupación han subido en cinco y uno y medio puntos porcentuales, respectivamente.

Como si eso no fuera suficiente, el sector más golpeado ha sido el de la construcción que es un gran demandante de mano de obra. De hecho, una investigación adelantada por el BID entre los inmigrantes en Estados Unidos encontró que 17 por ciento trabajaban en la edificación de casas y apartamentos, con lo cual no es de extrañar que el desempleo entre las personas de origen latino esté dos puntos por encima del promedio general. Por otro lado, el número de ciudadanos de otro país que ha solicitado auxilios por motivos de desempleo en España ha aumentado 81 por ciento en el último año.

A la luz de esa realidad lo sucedido con las remesas en el país es sorprendente. Dentro de las hipótesis que esbozan los entendidos en la materia es que la calidad del empleo de los colombianos en el exterior es superior al promedio y menos sensible a los ciclos.

Otra razón sería que la revaluación del peso obligó a muchos remitentes a incrementar la cantidad de dinero enviado para mantener constante el ingreso en pesos de sus familias. Y, claro, siempre está la explicación del lavado de dinero y de las actividades ilegales, aunque las autoridades aseguran que los controles son estrictos y no es fácil burlarlos. Así las cosas, falta ver la evolución de dichos giros en este semestre cuando la situación en el mundo desarrollado es todavía más grave y la tasa de cambio ha subido notoriamente. Pero más allá de la cifra final, lo que queda claro es que el impacto de las remesas seguirá siendo alto, con probabilidades de seguir creciendo.

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