EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
La sufrida aprobación del plan de rescate financiero que el pasado viernes se convirtió en ley en Estados Unidos, fue una buena noticia no solo para banqueros y consumidores en ese país, sino en el mundo entero. La razón es que a pesar de los visos de riesgo moral que contiene el paquete de ayuda por 700.000 millones de dólares, al socializar unas pérdidas todavía incuantificables, la hora exigía que el pragmatismo se impusiera a los principios. De hecho, varios de quienes apoyaron con su voto la propuesta dejaron en claro que lo hacían porque la opción de no hacer nada habría sido mucho más costosa, a pesar de que de ahora en adelante el camino sigue siendo, como dice la expresión popular, 'largo y culebrero'.
Y es que por cuenta de lo sucedido el mundo puede evitar una depresión, pero no una recesión. El hecho de que las naciones más importantes de la Unión Europea hayan tenido ya dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo prueba que la grave enfermedad que empezó en América del Norte ya contagió al Viejo Continente, mientras que Japón y Corea del Sur no la están pasando mucho mejor.
Además, si bien la economía estadounidense ha logrado sobreaguar, su destino ya está marcado como lo demuestra el hecho de que ha eliminado 760.000 puestos de trabajo en los primeros nueve meses del año y que la industria o la construcción no levantan cabeza. Por tal razón, la pregunta que se hacen los especialistas es sobre la duración de la época de 'vacas flacas', algo que depende del éxito del programa de rescate, pues no solo los balances de los bancos se han deteriorado, sino que es necesario que el dinero vuelva a fluir entre instituciones. Esa es la tarea más urgente que tienen en su agenda, tanto el Secretario del Tesoro estadounidense, como el Jefe del Banco de la Reserva Federal y los responsables del tema en las principales capitales europeas, pues es claro que el problema ya no es de un solo país y requiere de una acción coordinada.
A todas, Latinoamérica sigue los acontecimientos más en el plan de observador, que de invitado. Y es que por primera vez en mucho tiempo, la región no es protagonista de la crisis, pues la destorcida la encontró con sus mejores índices en décadas, gracias a que pudo fortalecerse a lo largo de los últimos cinco años y a que los precios de las materias primas siguen altos, aunque casi un 30 por ciento por debajo de las cotizaciones de hace unos meses.
Dicho lo anterior, es claro que hay casos de casos. Chile, por ejemplo, guardó un volumen importante de recursos, producto de los ingresos extraordinarios de sus exportaciones de cobre. Brasil, así mismo, tiene un mercado interno floreciente y se ha consolidado como potencia mundial en minerales y alimentos. En cambio, México podrá considerarse afortunado si a pesar del coletazo de su vecino del norte mantiene cifras positivas.
Irónicamente, los que están en peores problemas son los gobiernos de tendencia izquierdista que gastaron a manos llenas. Ese es el caso de Venezuela en donde ya se han encendido las alertas amarillas. Si los precios bajan de 90 dólares el barril, el Gobierno de Hugo Chávez estaría obligado a hablar de austeridad, una palabra que le gusta poco. Más frágil, quizás, es la situación de Ecuador, en donde su presidente, Rafael Correa, envalentonado por el paso de la nueva Constitución, ha sacado corriendo a los inversionistas extranjeros, pero está viendo en peligro la sostenibilidad de los programas sociales que impulsa. Así mismo, el menor precio de la soya le puede amargar la vida a la presidente argentina Cristina Fernández, cuyo apoyo popular no ha hecho más que disminuir a pesar de que lleva poco en el cargo.
A todas estas, Colombia sigue en veremos, pese al plan de contingencia anunciado el jueves por Álvaro Uribe. Y es que el desafío será mantener vivos los flujos de inversión y cumplir con los programas de endeudamiento, en un ambiente cada vez más hostil. Sin negar que el país ha hecho méritos, y muchos, todo indica que por cuenta de las nuevas realidades le va a tocar hacer unos cuantos más.
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