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Faltan apenas tres días para que la llama olímpica se apague en el estadio 'Nido de pájaro' en Pekín, y desde ya está claro el nombre del ganador. Pero no se trata del país que más medallas de todo tipo recibió, así en este caso sea el mismo que merece todas las preseas. Y es que más allá de las gestas impresionantes de un puñado de atletas, está el logro de un pueblo, que tuvo durante largo tiempo y como propósito nacional, la realización de la mejor justa deportiva de la historia moderna.
Así fue. Sin desconocer los esfuerzos pasados de otras ciudades, es indiscutible que la capital china merece las más altas calificaciones por cuenta de una organización impecable, unos escenarios de gran belleza y un ambiente general difícil de superar.
Atrás quedaron las críticas por la política hacia el Tibet, las preocupaciones en torno a la contaminación ambiental o las acusaciones sobre controles a los enemigos del régimen. Todas fueron sepultadas por la calidad de una transmisión televisiva que fue seguida de cerca en los confines del planeta. Por tal motivo, y aparte de los miles de millones de dólares invertidos en escenarios y entrenamiento de atletas, Pekín acabó haciendo un gran negocio.
Ahora, el país más populoso del mundo es visto como pujante, vibrante y moderno, algo que en el mundo de hoy vale oro.
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