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La clave es confianza

Publicado el 20-08-08

La entrevista que le concedió a este diario el presidente Álvaro Uribe comprueba la preocupación creciente que existe en el Gobierno con respecto a la marcha de la economía. Tal como lo dejó en claro hace un mes en la instalación de las sesiones del Congreso, el mandatario ha visto cómo los nubarrones se han venido acumulando sobre el sector productivo, por cuenta de factores internos y externos. En tal sentido, hay inquietud sobre las repercusiones que tanto la desaceleración global, como el aumento en el precio de los productos básicos, puedan tener sobre la marcha de un país que tuvo el año pasado el mejor resultado de las últimas décadas.

Frente a tales desafíos, en la Casa de Nariño hay una respuesta.

Parafraseando el lema acuñado por Uribe, la receta presidencial para sortear los retos actuales consiste en producir, producir y producir. Bajo esa óptica, la carestía debe ser enfrentada con mayor disponibilidad de bienes, que pueden incluir tanto petróleo como biocombustibles y alimentos. Por tal motivo, cualquier iniciativa que pueda atentar contra esa política es vista con ojo crítico por el jefe del Estado. Ello explica por qué hay alabanzas a los esfuerzos del Banco de la República por comenzar temprano la batalla contra el alza en los precios, pero preocupación por el nivel de las tasas de interés. Tal como le dijo a PORTAFOLIO "nos preocupa que se frene el consumo, se reduzcan las nóminas, aumente el desempleo, no siga disminuyendo la pobreza y finalmente se contraiga la oferta".

Desde este punto de vista, son totalmente justificados los mecanismos de promoción de la inversión, que incluyen tratamiento preferencial para ciertos sectores, así como generosos descuentos fiscales con el fin de premiar la reinversión de utilidades. Estrategias como las de las zonas francas uniempresariales y los contratos de estabilidad jurídica, apuntan en el mismo sentido. En todos los casos, el propósito es otorgar condiciones favorables para la creación de nuevas compañías o para la expansión de las existentes, y así crear un efecto de bola de nieve, inspirado en el éxito que tuvo en su momento la República de Irlanda. En consecuencia, es clara la preocupación en mantener la confianza de empresarios y consumidores, como el elemento clave para que el círculo virtuoso siga su marcha.

Si esa apuesta tiene éxito o no, es algo que solo se sabrá al cabo de unos años. Aunque es cierto que las ventas de la industria y el comercio van de capa caída, también lo es que la inversión extranjera sigue su buena marcha. Según cifras del Banco de la República, el dinero recibido por este concepto llegó a 5.314 millones de dólares hasta el 31 de julio, un 26,1 por ciento más que en los primeros siete meses del 2007. Si bien casi dos terceras partes de dicha suma se dirigieron a las actividades de petróleo y minería, la destinada a otros sectores creció 16,1 por ciento, llegando a 1.731 millones de dólares.

No obstante, es claro que el modelo impulsado por el Presidente tiene sus riesgos. Uno de ellos es la evidente inequidad que crea entre las actividades o compañías que disfrutan de beneficios específicos y las que no. Otro es la de ponerle una camisa de fuerza a los cobros de impuestos provenientes de algunos contribuyentes grandes si, en el futuro, es necesario aumentar los recaudos para financiar el presupuesto. Pero, quizás el peligro más grande de todos es la situación de la economía internacional que puede afectar los flujos de capitales que llegan al mundo en desarrollo. Eventos como una crisis financiera de proporciones o la pérdida de fe en América Latina como región afectarían a Colombia, como ya ha ocurrido en el pasado, así el país haya hecho las cosas bien.

Debido a ello hay quienes preferirían una mayor cautela en materia de gasto público, con el fin de tener cómo reaccionar si hay un cambio súbito en las circunstancias. En respuesta, Álvaro Uribe sostiene que el Gobierno ha hecho ahorros grandes y ha mejorado las cuentas fiscales, mientras sugiere que, mientras la confianza persista, la economía colombiana no tiene de qué preocuparse.

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