EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
Con mesura y evitando cualquier tipo de manifestación pública, Álvaro Uribe celebró el pasado 7 de agosto el sexto aniversario de su llegada a la Presidencia de la República. Fiel a su lema de trabajar, trabajar y trabajar, el mandatario asistió a las celebraciones del día de la independencia, sin salirse del libreto propio de la ocasión y sin hablar de temas que permitan vislumbrar sus intenciones futuras en materia electoral. Y es que a pesar del referendo de iniciativa popular que promueve la reelección, probablemente pasarán muchos meses antes de que Uribe deje en claro si está de acuerdo o no con un tercer período. Más allá de su inmensa popularidad, refrendada con el atronador aplauso que lo recibió el viernes en la noche en la Asamblea de la Andi, el jefe del Estado considera inconveniente destapar sus cartas desde ahora.
Sin embargo, independientemente de la determinación que tome, es evidente que las prioridades de los colombianos están cambiando. La razón es que los éxitos de la política de seguridad democrática son tan apabullantes, que tanto el público en general como los empresarios, ven claro el triunfo del Estado ante una guerrilla que se desmorona todos los días. Sin desconocer que los violentos mantienen todavía un gran poder de perturbación y que Colombia seguirá siendo un país complejo debido al pernicioso efecto del narcotráfico, los desafíos en este campo son vistos como manejables. Para citar un caso, la más reciente encuesta empresarial de la Andi mostró que el orden público es considerado un problema para el 0,4 por ciento de los industriales sondeados, muy por debajo del tipo de cambio (19,6 por ciento) o de la falta de demanda (17 por ciento).
En consecuencia, los temas económicos han pasado a ser la prioridad, en un país que viene de disfrutar sólidas tasas de crecimiento, pero que ha constatado que las vacas gordas pueden enflaquecer rápidamente. Ese cambio de dirección del viento fue sentido en la Casa de Nariño, como lo demostró el discurso presidencial en la instalación de las sesiones del Congreso, en el cual se habló mucho más de inflación que de reforma política.
Pero más allá de ese énfasis, el desafío del Gobierno en esta nueva etapa es mantener el favor de la opinión, en un tema en donde abundan los matices y los intereses divergentes. Un caso típico es el de la huelga de transportadores que logró afectar la marcha del comercio exterior y el abastecimiento de bienes de primera necesidad. Debido a la lentitud en tomar el toro por los cuernos, el Ejecutivo corre el riesgo de ser culpado por un tema en el cual es imposible dejar contento a todo el mundo.
Lo sucedido en ese caso demuestra que, en contra de lo que podía ocurrir en el caso de la seguridad en donde la línea entre el bien y el mal está claramente demarcada, en el de la economía las aristas son múltiples y los intereses legítimos, variados. Es cierto que el Ministerio de Hacienda tiene como defender el crecimiento del 13,1 por ciento en el proyecto de presupuesto para el 2009, pero también lo es que los partidarios de una mayor austeridad cuentan con argumentos para decir que esa política puede alimentar el alza en los precios y la revaluación de la moneda. Así las cosas, es probable que al tomar decisiones dolorosas el Gobierno encuentre un respaldo que no sea monolítico, razón por la cual hay quienes consideran inevitable una disminución en la popularidad del Presidente y sus políticas.
Eso no quiere decir, por supuesto, que el aprecio de los colombianos por la figura de Álvaro Uribe disminuya. El haber logrado que una nación postrada y sin ánimo en el 2002 recuperara la confianza y la prosperidad pocos años después es suficiente para asegurarle un lugar muy destacado en la historia. Pero ahora, enfrentado a temas cotidianos que van desde el atraso en la infraestructura hasta el precio del arroz, el mandatario tendrá que hacer uso de nuevas tácticas y procedimientos para demostrar que, así como lo consiguió con el orden público, tiene, como buen jinete que es, la manera de poner en cintura a la arisca economía colombiana.
PUBLICIDAD