A un colega joven, distinguido economista y profesor, lo han invitado varios aspirantes a la Presidencia a colaborarles en sus campañas y él ha decidido que en lugar de apuntársele a uno está dispuesto a ayudarles a todos. No creo que este comportamiento sea peculiar en este momento. Por el contrario, refleja lo que está sintiendo mucho gente que desea un cambio de régimen, y quisiera que los que se están postulando encontraran la manera de establecer unas reglas de juego para conformar un gran equipo que ofrezca una verdadera alternativa de poder para enfrentar al candidato del gobierno en las elecciones.
Posiblemente en el seno de la coalición gobiernista imperan las mismas rivalidades, se abrigan las mismas esperanzas y las mismas frustraciones que se están expresando en la oposición e imperen obstáculos similares a una unión porque en la realidad todos hemos permitido que Uribe nos divida y convierta en rehenes suyos hasta que la Corte Constitucional decida, y si lo hace a favor del referendo, hasta que la gente vote. Pero la oposición tiene la ventaja de poder liberarse ya de ese cautiverio, sin tener que expresar o aparentar deferencias con "el jefe". El reto es como crear una cobija para tapar a todos los aspirantes.
Hasta ahora hay tres modelos de cómo hacerlo: El de Pardo y Vargas Lleras, que se pusieron de acuerdo en someter a una consulta quién va primero; el de los "tres tenores", que no parecen haber encontrado una regla; y el de Sergio Fajardo que sigue solo, predicando en los pueblos, con la esperanza de atraer multitudes que lo sigan (de Petro no se puede hablar porque eso le quita puntos en el Polo).
Un irrespetuoso ex asesor presidencial ha dicho de algunos de ellos que son "unos pitufos". No tuvo en cuenta que el brujo no ha podido todavía ganarles a los pitufos cuando están unidos. Pero hay que admitir que corren los riesgos de un pitufo solo en el bosque si no encuentran el camino para colaborar y asociarse para alcanzar un propósito conjunto. Este puede ser simplemente que uno de ellos llegue a la presidencia en 2010 (que es lo que todos buscan) o tan complejo como construir una alianza para conformar una gran mayoría progresista como propone Rafael Pardo.
La coalición que él propone es como el helado de vainilla que no provoca pasiones pero que le puede gustar a una mayoría ya que busca retornar al camino de la legalidad para transitar hacia "una modernidad orientada por una sociedad justa, igualitaria, desarrollada, basada en los principios de seguridad y respeto a la ley". Se trata de "afianzar las instituciones frente al caudillismo, de luchar en serio contra la politiquería y la corrupción, de construir un Estado que sirva a los menos favorecidos y no a los poderosos" (El Tiempo, Octubre 10, 2009).
Después de haber sido testigos de cómo se puede abusar del poder si no se aferra la sociedad a estos principios sencillos, constituiría un alivio volver a operar de acuerdo a unas reglas y no depender exclusivamente de la gestión arbitraria de un solo hombre. La sociedad debe aspirar, por ejemplo, a que la seguridad social sea para todo el mundo, incluidos los maleteros y los religiosos, por supuesto, pero no conviene, como lo pretende hacer el gobierno (CONPES 3605), concederle arbitrariamente ese privilegio exclusivamente a los equipajeros de El Dorado, a los pastores protestantes, y a ciertos concejales para poner a que los demás a acudir suplicantes a la Presidencia a que les otorguen lo mismo a cambio de "voticos".
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